Opinión: ¡Crisis!

En todo este debate sobre la reforma contributiva, uno de los principales argumentos para combatirla es que nuestro país no está listo para un impuesto de tal…

Por Rafael Lenín López @LeninPR

25 mar 2015, 11:00 pm 3 min de lectura

En todo este debate sobre la reforma contributiva, uno de los principales argumentos para combatirla es que nuestro país no está listo para un impuesto de tal magnitud porque atravesamos por una recesión y la palabra crisis rebota por doquier. ¡Qué mucho abusan de la palabra crisis!

Con la propuesta del aumento en el impuesto a las megatiendas, una de las principales empresas aludidas advirtió que elló profundizará su delicada situación económica y que, por consiguiente, tendrán que despedir empleados, subir los precios de sus productos y cerrar tiendas. Ellos dicen que el año pasado cerraron break-even y que su establecimiento aquí no les produce la bonanza que se percibe. Sin embargo, esa multinacional ya ha instalado sobre 50 de sus megatiendas en Puerto Rico, una cifra extraordinaria.

Un alcalde dice que estas megatiendas han matado el comercio tradicional en su ciudad. Sin embargo, poco o nada hace el Gobierno para detener su expansión porque, claro, se benefician de las patentes y otros pagos, aunque el resultado sea desaparecer al pequeño comerciante o producir empleos de poca calidad.

¿Y qué me dicen de los que cacarean sobre la crisis en la fila del Coliseo Agrelot mientras entran a un concierto cuyo boleto más barato cuesta $50? Los más recientes espectáculos en el Choliseo han sido totalmente exitosos: Tito el Bambino, Pitbull, Arjona, los de música sacra, etcétera. ¡Ah! y por ahí vienen Madonna y Katy Perry. Para Madonna, durante las primeras horas de venta, ya se habían adquirido ocho mil boletos y los precios para ir al concierto de Perry llegan a los $200.00.
El Gobierno también grita ¡crisis!, pero hace poco por recortar gastos. Vemos que los viajes con fondos públicos siguen a tutiplén, las reorganizaciones de las agencias se han hecho sal y agua, y se mantienen dependencias gubernamentales sin sentido. Por ejemplo, ¿qué producen las numerosas oficinas que nuestro Gobierno tiene en el exterior? Recientemente estuve en la ciudad de Nueva York y quedé sorprendido al ver la privilegiada ubicación —y con ello me imagino que el costo del alquiler— de nuestra oficina allí. Por otro lado, ¿en qué quedó la propuesta para la reorganización de la Comisión Estatal de Elecciones y los pagos de alquiler por sus oficinas regionales?

Hoy abre The Mall of San Juan, también en medio de la crisis, y no hay que ser adivino para anticipar la avalancha de clientes frenéticos que acudirán: algunos para gastar lo que no tienen en las novedosas marcas y otros que ya no tendrán que viajar a Miami para adquirir la exclusividad.
 
Crisis es una palabra muy prostituida en estos días y usada por quienes menos pueden. Poder gastar menos en excesos, aparentar precariedad mediante trucos financieros, haber tenido que renunciar al jet privado o, en el caso del Gobierno, tener menos dinero para malgastar no es crisis. Hay crisis en muchos sectores de la sociedad y en distintos ámbitos, no tan solo el económico, pero de eso es de lo que menos se escucha.
 
Los que cacarean crisis, cuidado. No todo lo es.

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