Opinión: La gente ya no lee

No importa cuánto nos las demos de sociedad inteligente. Cada vez hay menos intelectuales. Hace un tiempo hablaba con un amigo que me dijo algo que me pareció…

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr

24 mar 2015, 11:00 pm 3 min de lectura
Opinión: La gente ya no lee

No importa cuánto nos las demos de sociedad inteligente. Cada vez hay menos intelectuales.
Hace un tiempo hablaba con un amigo que me dijo algo que me pareció muy curioso. “¿Y para qué nos sirven los intelectuales?”. ¡Es una buena pregunta! Me dejó pensando, y yo de intelectual, nada.

Me parece que los intelectuales son necesarios. Son gente con mucho conocimiento, con mucha formación, con mucho estudio o mucha calle, con mucho juicio, y sí, prejuicio. Pero las ideas planteadas por intelectuales no son palabra de Dios, son ideas formadas o deformadas, y la gente las compra, las rechaza o las reformula. Y eso es en sí un ejercicio intelectual muy importante.

Hay gente que por diversas circunstancias no tiene acceso ni medios de llegar a semejante educación, pero sí tienen acceso a la televisión, al periódico, a un libro, a la Internet, ¡a algo! Claro, también hay que tener sed de aprender. Y para eso hay que leer.
Y aquí ya la gente no lee.

La experiencia educativa es ahora más inmediata, más rápida, y yo no veo mucho énfasis en la lectura. No soy pedagoga, pero me parece absurdo que a estas alturas la gente entienda como materias básicas el español, las ciencias y las matemáticas. La primera y la principal, a mi juicio, es el desarrollo de una destreza, y esa debería ser la lectura. De ahí se deriva la perfección de todas las materias.

La gente subestima la importancia de la lectura, y mi gente, el que no lee no escribe. O escribe “hace” sin h y con s.

Donde yo estudié —hace muchos años— había mucho énfasis en la lectura. Y eso fue determinante en mi vida. Porque entre la lectura obligatoria y la necesidad académica y familiar de que mi madre no me guindara de un palo, terminé comiendo libros voluntaria y gustosamente. Eso no me hizo intelectual y no me hizo experta en ningún tema, pero me ayudó a comunicarme adecuadamente y a no escribir disparates.

Con lo poco que lee la gente ahora, Facebook, el texteo, hablar en 140 caracteres y el aumento en la tecnología como herramienta educativa, los mensajes no solo no se entienden, hacen ver a la gente como totales analfabetos. Gente grande, profesional, con grados universitarios, muchos de ellos con notas sobresalientes. ¿Cómo pasaron de sexto grado? No lo sé.

“¿K ase?”; “En ksa”; “Boy ahora”. ¿No les revienta la bilis cada vez que leen estas aberraciones?
Una vez en plena universidad un profesor nos hizo un cuento de que acababa de vivir una experiencia frustrante con un estudiante, a la que le habían robado un bulto. El bulto solo tenía un cepillo y un libro. Adivine qué le robaron. El cepillo. El profesor, de Literatura, estaba frustrado. Su libro guía, ¡el libro que escribió!, no le había importado al pillo. En cambio, el cepillo tuvo un valor mayor. Ojalá hubiera tenido piojos, pensé yo.

Los tiempos han cambiado… y yo no soy tan vieja. En mi época, leer un compendio de una novela en la escuela era un pecado que nadie se atrevía a aceptar, y, si te cogían, era como una vergüenza, porque siempre había una maestra que sabía cuál pregunta hacer para ponerlos en evidencia. 

Leer temprano en la vida es mayor ventaja, porque llegar a la universidad y tener que espetarte La Ilíada sin ninguna cultura de lectura es garantía de tener que darte de baja el primer semestre de universidad.

Cuando me tocó esa clase, la cogí con compañeros de otras concentraciones y yo bien metida en los issues de Aquiles y Agamenón. Veía mucho interesado, pero algunos que me miraban como si el Homero de La Ilíada fuera Homero el de Bart Simpson. Ese fue el mismo amigo que me preguntó para qué servía leer a los intelectuales.

Lea. Lea cualquier cosa y lea mucho. La información es poder. No tiene que hacerte Sócrates. ¡Pero te ayuda a no hacer el ridículo!

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