Crónica: Reportando desde el Capitolio

Cuando el gobernador Alejandro García Padilla presentó el proyecto de reforma contributiva, jamás pensó que levantaría tanta controversia y oposición como la…

Por Cindy Burgos @Cindy_Andreina

12 mar 2015, 11:00 pm 4 min de lectura
Crónica: Reportando desde el Capitolio

Cuando el gobernador Alejandro García Padilla presentó el proyecto de reforma contributiva, jamás pensó que levantaría tanta controversia y oposición como la que ha suscitado. Aunque llevábamos meses esperando por el proyecto y los problemas ya se habían comenzado a sentir —ante la falta de un borrador de la medida para los legisladores y la negativa del Ejecutivo en entregar el informe de KPMG—, no fue hasta que iniciaron las vistas públicas en la Legislatura el mes pasado que el descontento de los ciudadanos ha ido en alzada.

Una “transformación contributiva” que dejaría más dinero en el bolsillo del consumidor porque reduciría las contribuciones sobre ingresos, aumentaría la carga sobre el consumo mediante un nuevo sistema tributario que está en “160 países” —pero que pocos en la calle entienden— y que promete captar al “evasor”, incrementando a su vez los recaudos del Gobierno en $1,200 millones sin afectar a “la clase trabajadora” fueron parte de las promesas del gobernador con el proyecto.

De primera mano, parecía que era el sistema que siempre debimos tener. Sin embargo, con un poco de evaluación al documento de 1,600 páginas comenzaron los cuestionamientos sobre el impacto en diversos sectores económicos del país.

El primer día de vistas, el 17 de febrero, el propio secretario del Departamento de Hacienda (DH), Juan Zaragoza, reforzó las dudas sobre si la agencia tendría la capacidad para poner en vigor la reforma contributiva y atajar el efecto regresivo del impuesto al valor agregado (IVA). Habría que invertir millones de dólares en nueva tecnología, pero sería a cambio de un sistema que se regula a sí mismo y que es “75 %” de lo que tenemos actualmente con el impuesto sobre ventas y uso (IVU), que ya se cobra en los muelles, aseguró.

Paneles de economistas afirmaban lo beneficioso que es, en teoría, el impuesto al valor agregado (IVA), pero se distanciaban de la forma en que estaba planteado en el proyecto del ejecutivo, porque tenía una transición rápida en la que se daba demasiada responsabilidad al DH. Aseguraban que habría problemas con la regresividad del impuesto y tenían dudas sobre cómo se entregarían los reembolsos a los consumidores y los créditos a los comercios. Debía tomarse con más calma esto de implementar un nuevo sistema contributivo.

Uno por uno, sector por sector, han ido presentándose en largas y tediosas vistas públicas, leyendo por horas sus (en su mayoría) extensas ponencias y esperando a que cada legislador, que muchas veces llegaba a hacer sus preguntas y se iba al concluir, les cuestionara sobre cosas que, en ocasiones, habían contestado previamente. La paciencia ha reinado en los salones de audiencias, sobre todo de parte de los deponentes, que aguantan los ataques políticos que se hacen un bando y otro los legisladores, y esperan a que concluya el interrogatorio para (por fin) salir al baño o comer. Así han sido 14 días en la Cámara y 15 en el Senado.

El consenso ha sido que la reforma contributiva no es buena como está planteada, pero hay que hacer algo con la crisis fiscal. Incluso los legisladores dicen que harán “cambios significativos” para poder aprobar la medida, que como está no tiene los votos. Aunque muchos deponentes favorecen el IVA, consideran que no debe aplicarse a la educación ni a la salud, y que el sector que representan debe excluirse o tener trato preferencial. Los más sensatos han presentado alternativas de tasas más bajas a su sector, como lo fue la educación privada. Otros han planteado aumentar el IVU y los impuestos a las empresas foráneas. Todos han cuestionado la tasa del IVA, la falta de una reducción de gastos públicos, la forma en que el DH manejará la transición, la carencia de medidas para el desarrollo económico, la necesidad de que se hable de la deuda y el uso que se le dará a los $1,200 millones adicionales.

Y el pueblo ha reconocido la importancia de salir a la calle a dejarse sentir. Doctores, estudiantes de escuelas y universidades privadas, transportistas, políticos, religiosos… Ha sido casi una decena de históricas manifestaciones con reclamos similares (“No al IVA”), pero por separado. Si pregunta a los manifestantes, pocos entienden el impacto del proyecto, y, peor aún, de la necesidad de llevar un reclamo en conjunto para que realmente pueda tener el efecto que quieren. 

¿Qué pasará con la reforma contributiva? Seguiremos informando.

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