Opinión: ¡Servicio!
Mucho se habla en estos días de que el Gobierno tiene que mejorar sus servicios y que parte del dinero que producirá la reforma contributiva sería para…
Por Rafael Lenín López @LeninPR
Mucho se habla en estos días de que el Gobierno tiene que mejorar sus servicios y que parte del dinero que producirá la reforma contributiva sería para lograrlo.
Mientras, el sector privado, que protesta la transformación del sistema tributario, pide que el Gobierno reduzca su tamaño y que les dejen a ellos ampliar sus negocios.
A fin de cuentas, el pueblo lo que reclama es la menor carga contributiva posible y tener mejores servicios. Sin embargo, la experiencia nos dice que por más impuestos que pagamos, por más que privatizamos los servicios del Estado y por más que estimulamos al sector privado lo que recibimos a cambio es cada vez peor, en todos los renglones.
El Gobierno ni la empresa privada pueden reclamar que, en general, sean exitosos en el servicio al cliente. Por eso, los ciudadanos no soportan que hablen de mayores impuestos, pero tampoco digieren con facilidad esa “solidaridad social” de los empresarios con las causas colectivas. Ahí están como ejemplo las muestras de apoyo a las más recientes manifestaciones. Por un lado, vimos un lleno total en la protesta de los estudiantes hace una semana frente al Capitolio y, por el otro, un vacío en la marcha convocada por el sector más adinerado del país.
Este pasado fin de semana, en casa, tuvimos en mi familia una experiencia que me lleva a los comentarios previos.
Mi esposa tuvo que llevar a mi hija al hospital —cuyo nombre me reservo— ante una fiebre alta mientras yo atendía el campamento de nuestro hijo, niño escucha, en Guajataca.
La intención de llevar a Lena al hospital era para que la estabilizaran. Todo parecía ir por ese camino una vez allí y ya detectado el foco de origen: una típica infección de garganta. Pero todo cambió. Un mar de episodios de servicio torpe, cambios de turnos y encontradas instrucciones médicas alargó la estadía a 24 horas. En ese proceso, en más de una ocasión hubo que llamar la atención sobre el suministro a tiempo de los medicamentos recetados.
Estoy seguro de que vivir los relatos del “Niágara en bicicleta” es la cotidianidad en los hospitales del país, todos o la mayoría privados, por cierto. Recuerden que desde hace 20 años no tenemos una red de hospitales públicos, porque se entendía —y todavía en muchos ámbitos— que el privado “lo hace mejor”.
Los servicios tienen que mejorar en todos los niveles. Solo de esa forma seremos más sensibles cuando se nos habla de impuestos o se nos presentan los empresarios privados reclamando más espacio en el país. Que siga la discusión.
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