Discurso de Netanyahu podría decidir su futuro
JERUSALÉN— El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se enfrenta a una dura batalla por la reelección dentro de dos semanas, y el Congreso de Estados…
JERUSALÉN— El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se enfrenta a una dura batalla por la reelección dentro de dos semanas, y el Congreso de Estados Unidos le dio el martes un impulso sin precedentes con su efusivo recibimiento ante un mensaje que tiene apoyos en casa: Irán no es de fiar como inminente potencia nuclear.
El futuro cercano de Netanyahu podría depender de si Israel se ve castigado de alguna forma perceptible por la Casa Blanca tras la extraordinaria ofensiva de un líder israelí contra un presidente de Estados Unidos. Si se le percibe como un hombre que habló con coraje y franqueza ante el poder y evitó sufrir consecuencias, es probable que el episodio le ayude en las encuestas. Eso podría afectar profundamente a Oriente Medio durante varios años en asuntos que van más allá de Irán, en especial el conflicto con los palestinos, que algunos consideran incluso más importante que la naturaleza de cualquier acuerdo sobre el programa nuclear iraní. En casa y en el extranjero, mucho ven a Netanyahu como un gran obstáculo para la paz con los palestinos y quizá con el mundo árabe en su conjunto. Y su insistencia en continuar con la colonización judía de la ocupada Cisjordania hace que muchos teman que el país nunca pueda distanciarse del territorio y sus millones de palestinos —con o sin paz_, destruyendo el carácter de Israel como un estado judío. Por ése y otros motivos, Netanyahu se ha encontrado en un enfrentamiento cada vez más tóxico con las élites del país, desde los líderes de seguridad a académicos, periodistas, figuras culturales y buena parte del sector empresarial. A eso se han sumado recientemente los escándalos sobre sus gastos, y el descontento de los israelíes de clase media que tienen problemas para llegar a fin de mes y ya no pueden permitirse comprar viviendas. Los sondeos muestran al partido Likud de Netanyahu ligeramente por detrás de Unión Sionista, que es la principal agrupación de la oposición de centro izquierda. En un paisaje político muy fracturado, parece posible que el líder del grupo, Isaac Herzog, reciba una primera oportunidad para formar una coalición en mayoría en la Knesset, de 120 escaños, tras los comicios del 17 de marzo. Con este panorama, aunque el discurso de Netanyahu se ofreció ante el Congreso estadounidense, su principal audiencia bien podrían ser los votantes israelíes. En un programa de comedia emitido justo antes del discurso, un falso Netanyahu aparecía rellenando formularios de inmigración en el avión. En el apartado “motivo de la visita”, escribió “uno o dos escaños”. Las imágenes del primer ministro con líderes del Congreso y recibiendo ovaciones en pie podrían conseguir ese objetivo, o incluso más. Netanyahu no mencionó los comicios, pero hizo una certera alusión a temores y emociones en el país con una letanía de temas que forman el núcleo de su posición política. Condenó a Irán como peligrosamente hostil, con tentáculos que se extienden por Oriente Medio, y logró conectarlo con el feriado judío de esta semana de Purim, que conmemora una victoria judía sobre un enemigo persa. Presentó a Israel como un estado progresista y amante de la paz e hizo hincapié en sus profundos lazos con Estados Unidos. Incluso recurrió al Premio Nobel y sobreviviente del Holocausto Elie Wiesel, que saludó cuando Netanyahu exclamó “Nunca más”. Incluso sus rivales reconocieron su habilidad en el escenario político. “NO hay duda de que el primer ministro Netanyahu sabe hablar”, dijo Herzog. Pero fue arriesgado. Las referencias de Netanyahu a un “mal acuerdo” socavaron una pieza central de la política exterior del gobierno estadounidenses, y desafiaron las afirmaciones de Washington de que todavía ese acuerdo no se ha cerrado. El acto fue orquestado por el portavoz republicano en la Cámara de Representantes, John Boehner, y el embajador de Netanyahu en Washington Ron Dermer, nacido en Estados Unidos y que trabajó para el Partido Republicano. La Casa Blanca no disimuló su malestar, asegurándose de que ni el secretario de Estado, John Kerry, ni el vicepresidente, Joe Biden, estaban presentes durante el discurso y negándose a recibir al líder israelí durante su estancia. Ahora, el efecto que tenga la visita en las elecciones depende en parte de la respuesta de la Casa Blanca. Aunque Obama es algo impopular en Israel, Netanyahu podría verse castigado si se percibe que ha perjudicado las relaciones bilaterales. El martes, Obama restó importancia al discurso señalando que no era nada nuevo y es el presidente quien dirige la política exterior. Pero los israelíes temen que ocurra algo peor. La Casa Blanca ya ha dejado de informar a los israelíes sobre algunos detalles sensibles sobre las negociaciones nucleares. Y algunos en Israel temen que si Netanyahu es reelegido, las relaciones con Washington serán difíciles en los siguientes dos años que le quedan de mandato a Obama. Eso podría socavar desde ventas de armas hasta el crítico y casi automático apoyo de Estados Unidos en Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales, donde Israel se ve cada vez más aislada y asediada por los palestinos. La oposición israelí intentará devolver la atención a temas internos, donde el primer ministro es más vulnerable, y alejarla de Irán y la cuestión palestina. Herzog es partidario de una posición más conciliadora, negociaciones genuinas y limitar los asentamientos. Pero décadas de conversaciones inconcluyentes y violencia esporádica hacen que los israelíes estén cansados de la cuestión y tiendan a mirar a otro lado, hasta que de pronto ocupe el escenario central, como ocurre regularmente.


