Opinión: La vida en un parking público

Me encantaría hacer un reality show exclusivamente filmado en estacionamientos públicos. No sé si existen ya en alguna parte del mundo, pero nunca los he visto…

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr

17 feb 2015, 11:00 pm 4 min de lectura
Opinión: La vida en un parking público

Me encantaría hacer un reality show exclusivamente filmado en estacionamientos públicos.
No sé si existen ya en alguna parte del mundo, pero nunca los he visto y tengo fascinación con los estacionamientos. Es que esas moles son mucho más que varilla, acero, cemento y espacios separados con líneas amarillas. Guardan más historias, anécdotas y experiencias que número de carros estacionados en total.

Prefiero los estacionamientos abiertos. Son más fáciles y accesibles que los otros multipisos. Claro, siempre que el clima del trópico lo permita. Después, regresas al carro y te quemas hasta el cu…ero cabelludo, pero me dan más sensación de libertad.

Mi problema con los estacionamientos multipisos es que no lo construyen humanos. Por lo menos no mi tipo de humanos. A veces no entiendo cómo deciden por dónde se entra y por dónde se sale. Y si a eso le sumas lo indisciplinados que somos en esta isla, el que sale de Marshall’s se encuentra con el que entra, y te sacan por el techo cuando de camino a tu preciado espacio van hostigándote detrás.

Vas con veinte bolsas caminando hacia tu carro y cuidándote del carro a tus espaldas, que quiere tu espacio, pero lo quiere ahora y va mentándote la madre. Unos apretamos el paso para lucir considerados y otros se dan más puesto que nunca, montan las bolsas, prenden y ajustan el aire, cuadran el bluetooth y marcan el teléfono de alguien a quien al parecer le urge comunicar de qué color es la nueva pieza del clóset.

Y a veces en medio de esa crisis de espacio y de tiempo que todos compartimos pasamos por veinte espacios de estacionamientos de impedidos, todos vacíos. Ojo. Que no abogo porque se los quiten, ¡necesitan estar reservados! Pero es una realidad objetiva que a veces uno pasa y termina mirando esos espacios con exagerada tentación.  Uno lo quiere, pero siempre está el listo que le pide el letrerito de impedido a otro, y lo ves caminando derechito hacia la puerta. El impedimento es como en el cerebro y el sentido común.

A veces he pensado estacionarme en el estacionamiento de embarazadas y sacar la panza. Es más evidente en mi caso que la cojera del no impedido. Pero no, prefiero dormir bien como ser consciente que mal por gansa. Hay que ponerse en el lugar del verdadero impedido y de la verdadera embarazada. Su realidad les impone una carga tan grande que uno tiene que pensarlo muchas veces antes de salir de la casa. Los entiendo.

Quiero entrevistar a un policía de estacionamiento. De seguro tiene cientos de anécdotas porque yo, que no lo soy, tengo múltiples, sobre todo porque a veces entro en un parking solo para escuchar radio sin que nadie me hinche la vida entre una actividad y otra. He visto parejas peleando, parejas amorosas —muuuuy amorosas—, madres, padres y otros golpeando niños, gente puerca dejando bolsas de basura, individuos que entran en un carro y esperan sigilosamente la llegada de otro para escapar juntos a sabrá Dios dónde… He visto gente cambiarse de outfit en el parking pensando que nadie los ve. ¡Me río porque lo he hecho!

Y usted no es gente si por lo menos alguna vez en su vida no ha ido a un estacionamiento en que ha llamado —o ha estado a punto de llamar— a la Policía pensando que le han robado. Me ha pasado varias veces. He estado a punto de un infarto cardiaco. Me he llegado incluso a resignar y he llamado a la Policía jurando que me robaron el carro. Pocas veces me ha pasado con un carro nuevo. Siempre es con uno que ya está viejito, sin seguro absoluto y con solo mis buenos deseos cada mañana de que Dios nos aleje de los pillos.

Pero también está el graaaan despistao, como yo. Recientemente, un buen agente me llevó en Plaza piso por piso en su carrito de seguridad tipo golf para que identificara mi guagüita vieja y agradecida. Dos veces fuimos de arriba abajo. Para luego recordar que había llegado en el carro de mi esposo. Cuando me di cuenta del pequeño dato, le agarré la rodilla derecha al hombre y le dije: “Me vas a odiar. Soy una estúpida. Estoy en el carro de mi esposo; no en el mío”. Y el hombre, sorpresivamente acostumbrado para mí, me dijo: “Ok, pues volvamos de arriba abajo. ¿Recuerdas qué marca es?”. Ehhhh, no… Me dio un blackout tan bestial que el tipo apagó el carrito y me dijo: “Miss, relájese y piense”.

Los estacionamientos son escenarios reflejo de nuestra cotidianidad. Estamos ajoraos, complicaos, despistados, faltos de humor, cargados. Por eso quiero llevarlos a la pantalla. De seguro nos reímos todos.

Te invitamos a leer estas notas:

  1.  
  2.