Opinión: Enseñame tu ID
Levante la mano si esconde sus identificaciones con foto más que a sus tarjetas de crédito. No sé qué tienen los benditos ID que uno sale horrible. Es que no…
Por Dennise Y. Pérez @denniseypr
Levante la mano si esconde sus identificaciones con foto más que a sus tarjetas de crédito.
No sé qué tienen los benditos ID que uno sale horrible. Es que no es una foto que te sacas tú y que eliges según te guste. Cuando voy a tomarme una foto para un ID, escucho la música de Freddy Krueger. Ahí va uno, a última hora, despeinado, dormido y con prisa a tomarse una foto que estará en el file de gente que da miedo: el Estado, la universidad, el patrono…
A veces me pregunto si la persona que va a tomar la foto sabe el poder que tiene en sus manos. Muchos tienen tanto trabajo y tanta prisa… Si sonreíste mal, si pusiste cara extraña, pues, como no te conocen, asumirá que eres así, dará clic y dirá “próximo”. No es que te la tomó tu hermana y te dirá: “Mija, qué horrible. Vamos de nuevo”.
Tampoco es un selfie, de esos que uno borra incesantemente hasta tener la foto deseada. No. El clic es final y lapidario. Uno no puede decir “déjame ver”, como dicen los niños de esta generación de cámaras digitales y teléfonos inteligentes.
Aún recuerdo mi primera identificación con foto. Me la tomaron en el colegio para que pudiera votar en las elecciones. ¿Qué significa eso? Que me la tomaron en un periodo “difícil” de mi adolescencia, de esos en que ni el pelo ni el cutis sabían para dónde iban. Y vino la licencia. Ya el cutis sabía para dónde iba, pero mi pelo aún no.
Y entonces llegó el otro gran ID. El de la universidad. Ese lo conservo. No por nostalgia, sino por pena. La veo ahora y me da risa. Era como un gatito asustao. Tenía la gran carga de estar saliendo del campo a la losa, de vivir con calor, de batallar mi paso peatonal con la AMA, de identificar mis bowls de comida en el hospedaje, de darme cuenta que los prospectos maridos no incluían tanto a mi high school sweetheart, de ver más gente que la que podía recordar en un solo día, y de ver mis caderas crecer ante la mala alimentación lejos de mi mamá. Creo que mi foto de universidad refleja toda la crisis que vivía entonces. Pues así era mi ID. De terror.
En ese momento aún no tenía pasaporte. Oh, my God. Hasta que tuve que sacarlo para un viaje universitario. No lo conservo, ¡pero cómo lo recuerdo! Era una foto mala, mala. Pelo en crisis, ropa en crisis. Del cará.
Y claro, la parte más dura de cada foto de esas no es tanto la foto, sino la vigencia de la identificación que la lleva. Casi ninguna es de menos de cuatro años. Y en el caso del pasaporte… BOOM! Ahí te van diez. Pa que creas en Dios. Yo me saqué la última vez el passport card, que es como un minipasaporte que te sirve de ID siempre que viajes entre Estados Unidos y me parece que Canadá.
Una buena inversión… si la foto no sale como la mía. Me ha pasado que llego al cotejo de seguridad en los aeropuertos y el agente de TSA me mira, mira la foto, me mira, mira la foto… Me la han puesto casi en la oreja, sin mentirles, para ver si encuentran algún parecido. No quiero ni preguntar qué versión les parece mejor. Es irrelevante.
Y aunque hace casi 20 años llegué a la mayoría de edad, siempre hay un mesero que te pide ver la identificación. Es la única vez en que la enseño “culeca”. Quizás lo hacen para acumular puntos con la propina. Caigo en cuenta ahora de eso, después de creer por mucho tiempo que engañaba con mi apariencia. Oh, well.
En una ocasión, en un trabajo bien serio, me dieron un ID que es la peor que he tenido en mi vida. Andaba con ella con la foto virada para que nadie la viera. Tenía como mil libras de más. Y un día se me perdió. Y colocaron una foto de ella en un billboard para que la fuera a procurar. ¿Qué, qué? Seis años ocultando la foto, y la ponen en el billboard que miraban más de mil empleados diariamente. Fui a procurarla urgentemente no por amor, sino para que la sacaran del billboard. El oficial de seguridad me aconsejó que fuera a cambiarla, porque así nadie me reconocería, y me guiñó el ojo. No quise ni interpretar. ¡A “juyir”, Crispín!
Es terrible este asunto de los ID. No es el caso de la foto de esta columna, que la elegí yo y ya debería cambiarla. Ya no se parece a mí. ¿Qué creen? ¿Pa la próxima?
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