Opinión: Con el cuentito del I am sorry...

Hay unas palabritas incómodas de las que ya hemos hablado un poco en otras oportunidades. Cuando la semana pasada les escribí sobre el okis, confieso que me…

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr

20 ene 2015, 11:00 pm 3 min de lectura

Hay unas palabritas incómodas de las que ya hemos hablado un poco en otras oportunidades.  Cuando la semana pasada les escribí sobre el okis, confieso que me sentía extraña siendo tan abierta sobre algo tan popular y hasta llegué a pensar que me ganaría muchas críticas de gente que pensaría que era una amargada.

Para mi sorpresa, la cantidad de comentarios que recibí fue impresionante. Claro, que tuve que bregar con el chistecito de que muchos me respondieran con un okis durante días. Y la gente comenzó a decirme las cosas que le molestaban que le dijeran.

Fue así que decidí escribir sobre otra odiosa expresión, una que surge casi con la misma frecuencia que el odioso I am sorry. Nada como el relax. Bueno, en realidad hay una fuerte competencia en la “odiosidad” de cualquiera de estas expresiones. Es que ambas son utilizadas con un grado tan alto de relajamiento que a veces te dan ganas de ahorcar al interlocutor.

Es que, cuando alguien te dice I am sorry, uno tiene que sospechar de lo genuino de esa expresión. Es una manera tan liviana de despachar asuntos tantas veces importantes; es la salida fácil a la estupidez. Encima, el que las recibe se siente quizás más estúpido que quien las da, porque hay un chip interno que te pide que tengas misericordia de quien humildemente reconoce que la embarró, aunque sepas que te está cogiendo de zoquete.

Es que la gente te dice I am sorry  en ocasiones tan disímiles como que se tropiecen contigo hasta que se casen contigo y te las peguen. En la primera, uno aguanta y sonríe. En la segunda, ya te fastidió de por vida y de seguro te costó unos pesos.

Y entonces vamos al famoso relax.  Es usado con la misma liviandad que el I am sorry. Dudo que haya ocasión en que el bendito relax no me haya hecho hervir la úlcera.  Generalmente, te lo dice quien te ocasiona la intranquilidad. ¡Y en el peor de los casos, te lo dicen cuando estás tranquilo! ¿¡Qué, qué!?

Las dos expresiones son una manifestación vana y vacía para mí, similar a un cuento de Maripily.  A veces pienso que sería preferible que me metieran un pescozón. Ahí por lo menos uno ve la intención real. Y tiene excusa para dar un golpe de regreso, ni siquiera físico, pero de cualquier naturaleza, de esos que son vengancitas que no son graves, pero que te hacen acostar de noche sonriendo.

Piénselo. Son expresiones altamente desconsideradas.  ¿Qué uno hace? ¿Se traga el cuento de la disculpa? ¡Sí, muchos lo hacemos!  Y entonces las acumulamos hasta el punto de que al final no valen nada.

Sería tan divino que alguien tuviera la valentía de decirte: “Metí la pata y lo que no es pata y te fastidié la vida”. Ahí uno puede sentirse libre para citar el diccionario de la A a la Z sin sentimiento de culpa. Minimizar los hechos y arrugarte el corazón en el camino es una manipulación burda. Nos convierte en dos engañados.

A mí me da vergüenza decir cualquiera de ambas, aun en las veces en que es mandatorio y justificable. Simplemente no duermo bien. Y que tenga los ovarios de pedirle que se relaje a alguien que le estoy estresando la vida es un insulto.

Un amigo de intercambio en la universidad, árabe, me dijo un día que lo que más detestaba de la cultura occidental era la expresión cool. Decía que era una expresión tan liviana para evitar profundizar que nos hacía ver a todos estúpidos. No tengo idea de dónde está el árabe hoy. Pero estoy convencida de que sembró en mí la semilla de la intolerancia a las expresiones vagas, estúpidas, no sinceras.

Si no lo siente, no diga I am sorry, y si no le preocupa la desgracia ajena, no diga relax. Mejor quede en el libro de los malos. ¡No reviente úlceras dos veces!

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