Opinión: Los 21 niños de la guagua

¡Me confesaré! El año 2014 ha sido muy duro, lleno de sorpresas, muchas negativas. Desde el 1ro de enero comenzaron los acontecimientos que fueron llenando…

Por Padre Orlando Lugo Pérez @PadreOLugo

21 dic 2014, 11:00 pm 2 min de lectura

¡Me confesaré! El año 2014 ha sido muy duro, lleno de sorpresas, muchas negativas. Desde el 1ro de enero comenzaron los acontecimientos que fueron llenando poco a poco mi corazón de tristeza, dolor, descontento, desilusión y amargura. Así es; también los “líderes espirituales” pasamos por duras pruebas y angustias que nos hacen repensar una y otra vez la permanencia en el ejercicio del ministerio sacerdotal.

Por meses pedía a Dios que compusiera mi despedazado corazón. No me respondía; por lo menos no como yo quería. Comprendí las palabras que un experimentado sacerdote me dijo una vez: “En la iglesia, como en la sociedad, se espera mucho para que lleguen las cosas. Y, cuando llegan, siempre son malas”. Aunque no estoy totalmente de acuerdo con esa aseveración, tiene su lógica.

No fue hasta el lunes 8 de diciembre, día en que la Iglesia católica celebra la solemnidad de la Inmaculada Concepción, que la cosa comenzó misteriosamente a variar. “Padre, veintiún niños se accidentaron en el expreso por Salinas, y muchos son suyos, de Coamo”, me informa un individuo desesperadamente. ¡Otro golpe! Decía para mis adentros: “¡Dios mío, quítame el puño de encima!”.

Pasaban las horas y la información que nos llegaba era desalentadora. Por la radio coameña hasta dijeron que uno de los menores había muerto. ¡Mala costumbre de los comentaristas y seudoperiodistas que lanzan información sin confirmar con el maldito “aparente y alegadamente”! Parece que el morbo es más importante que el dolor humano. Ni modo, comenzamos a orar. Y desde entonces, el milagro comenzó a realizarse y mi corazón a componerse.

Los médicos no aseguraban la vida de Pedro J. Sánchez ni de Luis A. Colón, de 10 y 8 años de edad, respectivamente. Pero los límites de la razón siempre los suple la fe, y, contra todo pronóstico, los niños comenzaron a recuperarse. ¡Pedrito hasta despertó! Pero ¿qué sentido tiene todo esto?

Hace casi 2014, un niño nació en Belén para unir a un mundo dividido y devolver la esperanza a muchos. Los 21 niños de la guagua llegan días antes de Navidad para unir a un pueblo dividido por la mala política y las irracionalidades religiosas. Una vez más se cumplen las profecías; la inocencia de unos niños arregla lo que los adultos destruimos y hasta logran sanar el corazón de un cura herido. Así es Dios.

¡Feliz Navidad!