Opinión: Por el futuro

Aunque suene trillado, una educación es indudablemente el mejor regalo que les podemos hacer a los niños y niñas de nuestro país. Lamentablemente, hemos…

Por Armando Valdés @armandovaldes

11 dic 2014, 11:00 pm 3 min de lectura
Opinión: Por el futuro

Aunque suene trillado, una educación es indudablemente el mejor regalo que les podemos hacer a los niños y niñas de nuestro país. Lamentablemente, hemos fallado como sociedad, tanto en la instrucción formal que reciben en las escuelas públicas y en los colegios privados como en las lecciones de vida que se les imparten en el hogar.

Cada uno de nosotros somos modelos para la juventud. Nuestras acciones, ideas y valores se van replicando en la medida en que el joven percibe en sus mayores un patrón de comportamiento aceptable para la vida en comunidad. Al heredarse estas características, de una generación a otra, en el proceso de socialización de cada menor se va perpetuando y redefiniendo nuestra identidad y tradiciones.

Me atrevo hoy a sugerir, en esta edición especial de Metro dedicada al futuro de Puerto Rico, aquellos elementos de una buena educación —de la institucional y de la hogareña— que entiendo deben ser parte de un compromiso individual en pro de un mejor porvenir colectivo.

1- Respeto a la vida. La violencia tiene sus raíces en una desvalorización de la vida humana, tanto la ajena como la propia. Ahora bien, no es solamente quien mata a otro el que le falta a la dignidad del prójimo. Quienes ignoramos el dolor de otro compatriota, quienes nos reímos de sus desgracias, quienes vanidosamente nos enfocamos únicamente en lo trivial y evitamos enfrentarnos a la pobreza y a la desigualdad, también nosotros hemos perdido la brújula. Todos tenemos derecho no solo a la vida, sino también a la oportunidad de vivirla dignamente. Enseñémosle al joven la importancia de la solidaridad, de la amabilidad, de la generosidad y de la empatía.

2- Ética. La corrupción es síntoma de una falta de valores éticos y morales. Entre estos está la ética del trabajo. En Puerto Rico, con una tasa de participación laboral paupérrima, hay muchos convencidos de que es posible vivir del cuento. Sin duda, la dependencia tiene como una de sus raíces las millonarias transferencias federales. Pero igualmente es triste ver cómo la cultura popular endiosa al listo y al jaiba, mientras que el que se faja y trabaja es un pobre diablo o un tonto útil. El creer que todo en la vida puede llegarle a uno fácilmente produce las condiciones psicológicas que justifican el robo, el soborno y la malversación. Enseñémosle al joven que es con el trabajo arduo y esforzado que se alcanzan grandes y satisfactorios logros.

3- Destrezas de aprendizaje y comunicación. En Puerto Rico, equivocadamente entendemos la educación como un proceso de especialización conducente a la obtención de un empleo. Sin embargo, si algo nos demuestra la economía moderna es que lo único constante es el cambio continuo. Carreras para las cuales había gran demanda hace apenas unos años —mecanógrafos, por ejemplo— hoy siquiera existen. La destreza más importante es el poder actualizarse por medio de un proceso de aprendizaje de por vida y saber comunicar, de forma escrita y verbal, el conocimiento adquirido. Enseñémosle al joven a amar la lectura, la redacción y la buena ortografía.

4- Excelencia. No podemos conformarnos con la mediocridad. Nuestro país ha logrado grandes éxitos en el pasado. Hemos sido la cuna o la patria adoptiva de grandes poetas, músicos, escritores, dramaturgos, deportistas, políticos y filántropos. Supimos superarnos y elevar la calidad de vida de cada ciudadano. Aun así, en tiempos recientes, no nos hemos exigido ser más de lo que somos para seguir creciendo. Enseñémosle al joven a esperar solo la excelencia, tanto de sus conciudadanos como de sí mismo.