Opinión: No es fácil

No es fácil gobernar a Puerto Rico tanto para primeros mandatarios del Partido Popular Democrático como del Partido Nuevo Progresista.

Por Armando Valdés @armandovaldes

4 dic 2014, 11:00 pm 2 min de lectura
Opinión: No es fácil

No es fácil gobernar a Puerto Rico tanto para primeros mandatarios del Partido Popular Democrático como del Partido Nuevo Progresista.

En los medios de comunicación, por un lado, nos dedicamos a la discusión más superficial e inconsecuente de los temas de gobierno. El aumento al impuesto al petróleo no se evalúa en sus méritos, sino como una controversia política que puede o no lacerar la imagen y el liderato del gobernador en la medida en que no logre su aprobación expedita. Pero no nos engañemos; aprobarla rapidito también lo habríamos criticado severamente porque se pasó de forma fast track, “en cuartos oscuros” o en algún otro sitio de nuestra desgastada y clichosa imaginación.

Ni hablar de la cambiante opinión editorial de los medios y comentaristas. Un día hay que acabar con el dinero público en las campañas electorales; al siguiente hay que eliminar el dinero privado y subsidiar a partidos que elección tras elección no logran demostrar que gozan de un amplio apoyo entre el pueblo votante. Todos también abogamos porque se achique el gobierno, hasta que nos dicen por dónde se va a cortar. Y, por supuesto, nadie quiere tener que pagar lo que cuesta mantener esa operación.

Por otro lado, están los partidos, y en esto ambos han sido culpables. Nada de lo que proponga el contrario, para atender los problemas que todos hemos creado, se puede avalar. Sin embargo, cuando se apagan los micrófonos y las cámaras de televisión, todos estamos de acuerdo en las soluciones. Pero como el secreto para ganar es siempre estar a la ofensiva, no podemos consolidar una agenda en la que coincidamos a fin de lograr su implantación más allá de un solo cuatrienio.

En esta última controversia hemos visto también la insidiosa disensión interna en las filas del PPD, similar a la que Rivera Schatz encabezaba en su momento dentro del PNP. Aunque algunos líderes se opusieron por cuestión de principios, otros se notaba que se regodeaban en hacer quedar mal al presidente de su propio partido. Son de los que se escuchan únicamente cuando es para criticar al gobernador; de los que creen que quedan bien por el mero hecho de llevar la contraria. Se equivocan, y con ver los resultados de las últimas elecciones, y los números de aprobación de Thomas, basta.

Todas estas realidades se ciernen sobre cualquier gobernante, y en particular sobre el actual. ¿Se vio lacerado el liderato del gobernador Alejandro García Padilla? No creo. Si algo, logró nuevamente demostrar que está dispuesto a apostar todo su capital político no para adelantar su propia agenda electoral, sino para encauzar soluciones que, aunque antipáticas, son las correctas. No es fácil, no; pero el país necesita de quienes, como Alejandro, están dispuestos a dar la batalla por Puerto Rico.

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