Opinión: Con el perdón de Topy

Topy no era un santo. Nadie lo es. Su vida, como la de todos, estuvo rodeada de controversias, sobre todo personales, que parecieron ser más en cantidad y…

Por Yolanda Rosaly @YolandaRosaly

3 dic 2014, 11:00 pm 4 min de lectura
Opinión: Con el perdón de Topy

Topy no era un santo. Nadie lo es. Su vida, como la de todos, estuvo rodeada de controversias, sobre todo personales, que parecieron ser más en cantidad y gravedad por tratarse de una figura pública. Pero hoy no es un día para juzgar las diversas situaciones difíciles que enfrentó. Tampoco es día para colocarlo en un pedestal como suele hacerse con muchos otros en momentos como este. Hoy y siempre será día de decir la verdad, como a él le encantaba hacer, no importa las consecuencias.

Nunca tuvo miedo a decir lo que sentía, ni a nivel profesional ni personal. Admitía sus errores y defendía a capa y espada lo que entendía estaba bien. Pero, por encima de todo lo que se pudiera decir sobre Topy, estaba su capacidad para perdonar.

Como no hay casualidades, como siempre decía Topy, días antes de su deceso conversaba sobre esa gran virtud del perdón con su mejor amigo, el doctor Juan Luis Salgado, que para Topy era sencillamente Cano, con quien iba a pescar todos los fines de semana, era su paño de lágrimas, sabía todo sobre él y quien lo apoyó en las buenas y en las malas. Porque, créanme, que Topy pasó por muchas malas. Cano y yo estábamos claros que si algo bueno tenía Topy era su capacidad para olvidar; no podía mantenerse enojado con nadie. La palabra rencor no existía en su diccionario. ¿Porque le convenía? Muchos piensan esto y es posible que así haya sido en una que otra ocasión. ¿Pero quién no lo ha hecho? Sin embargo, me consta que Topy no distinguía a la hora de olvidar los agravios.

Los que lo conocieron saben de qué hablo. En cuanto a su relación con la prensa, el “rollo” era igual. No importa la crítica y lo recia que fuera la discusión por defender su punto, pasaba la página. De esta forma, entre muchas anécdotas y peleas que tuvieron un feliz término, nunca voy a olvidar su amplia sonrisa y sus brazos abiertos en el pasillo del Hospital Pavía por donde venía caminando luego de que lo llamaran de madrugada para decirle que “una periodista se había ‘colado’ en la sala de recuperación de maternidad para saludar a Yolandita, quien acababa de dar a luz a Imanol”.

Durante los nueve meses, Topy y Yolandita estuvieron negando y ocultando el embarazo por razones de un contrato comercial que no viene al caso comentar ahora. Vivió atacando mis reportajes y, al final y en aquel pasillo, me dijo con una amplia sonrisa: “Bueno, me rindo… Vamos a tomarnos un café”. Y así lo hicimos. Festejamos el nacimiento de Imanol como si nada hubiera ocurrido.

Previo a esto, eran constantes las controversias sobre su relación con Yolandita, que comenzó durante la época de los grandes conciertos en la Semana de las Secretarias y en Despedida de Año. El productor Tony Pérez, quien estaba al frente de aquellas exitosas presentaciones artísticas, ayudó en la planificación de la primera boda entre Yolandita y Topy en la suite de un hotel de la capital la madrugada de un 1ro de enero, justo después de que la cantante concluyera un concierto. Allí también estuvieron el padre de Topy, don Gilbert Mamery, y la coreógrafa Sophy Sanfiorenzo como testigos del enlace.

Luego, el comunicado de prensa anunciando su “divorcio” alegando que lo hacían “porque se amaban demasiado” fue eje de una de muchas críticas. Nunca lo voy a olvidar. Se separaban para luego unirse por capitulaciones matrimoniales y evitar que las ganancias de Yolandita fueran parte de la reclamación de pensión alimenticia de la primera esposa de Mamery. Esto también fue ampliamente condenado. Después, se volvieron a casar y permanecieron juntos a pesar de todo lo que ha podido comentarse públicamente sobre su vida sentimental.

Topy vivía feliz. Nada parecía enojarlo por mucho rato. Creo que esa facilidad para el perdón le alivianaba la carga y aportó en gran medida a su siempre actitud positiva ante cualquier adversidad.

Así las cosas, Topy lo tuvo todo, lo perdió y lo volvió a recuperar… “Estoy contento. Pude hacer lo que pocos: irme [de Lo sé todo] estando arriba, en el mejor momento. Y toda esa fuerza que logré la estoy canalizando en esta empresa (SBS) pa echarla pa’lante como se merece mi país”, me dijo Topy días antes de fallecer.

Topy, te voy a extrañar. Lo sabes. Hoy muchos te rinden homenaje de diversas maneras. Yo lo haré intentando siempre emular tu mayor virtud, tu capacidad para el perdón. Gracias por eso… Gracias por todo. Descansa en paz.

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