Opinión: En las buenas y en las malas, ¡gracias, Señor!

“Hermano, ¿cómo te va la vida?”, pregunté. “¡En pie de lucha! Caminando con pie firme, aunque el terreno se está haciendo blando. Gracias por preguntar”…

Por Padre Orlando Lugo Pérez @PadreOLugo

23 nov 2014, 11:00 pm 2 min de lectura
Opinión: En las buenas y en las malas, ¡gracias, Señor!

“Hermano, ¿cómo te va la vida?”, pregunté. “¡En pie de lucha! Caminando con pie firme, aunque el terreno se está haciendo blando. Gracias por preguntar”, contestó Edson Díaz Carreras, en lo que fuera su última conversación conmigo antes de que un individuo lo asesinara en la madrugada del 16 de noviembre en Carolina.

Tenía que aceptarlo; los estragos de la violencia que vive Puerto Rico habían manchado la puerta de mi casa. Edson, un joven queridísimo en la comunidad carolinense de Sabana Gardens, fue ultimado a balazos tras una aparente discusión con otro hombre. De inmediato, los innumerables recuerdos que tenía con él desde pequeño inundaron mi memoria. Entre jadeos me cuestionaba: “¿Qué nos pasa, Puerto Rico?”.

Pero la muerte de inocentes nunca queda infecunda. Al finalizar la multitudinaria misa funeral de Edson, su hermana, Damaris Díaz Carreras, dio cátedra de lo que es un ser humano maduro y cristiano. “En nuestro corazón no hay rencor, solo dolor” y agradeció a Dios el tiempo que vivió junto con el “segundo padre de mi hijo”. ¡Wow! Supo dar gracias al Señor cuando lo “normal” sería que su corazón estuviera lleno de rencor.

Si ella pudo agradecer a Dios en momentos tan dramáticos, ¿por qué nosotros no? Comenzamos una semana muy especial. El próximo jueves, las familias se reúnen en torno a la mesa para reflexionar sobre la vida y, con la ayuda del Espíritu Santo, darse cuenta de que todo lo que nos ocurre puede ayudarnos a ser mejores personas. Podemos debatir sobre el tema, pero la realidad es que sin Dios nuestra vida carece de la herramienta fundamental para alcanzar la plenitud de la felicidad.

La historia me da la razón. Incluso se evidencia  que la actitud agradecida a Dios debería ser una virtud del que pretende gobernar con justicia. En el siglo XVIII, el primer presidente de EE. UU., George Washington, escribió: “Nuestro deber como personas es reconocer nuestras obligaciones con el Dios todopoderoso, implorarle que nos siga prosperando y agradecer las muchas bendiciones que de Él experimentamos”. Luego apartó el 19 de febrero de 1795 como el primer Día de Acción de Gracias.

Lo malo no lo quiere Dios. Pero de lo malo podemos aprender cosas buenas. Así que el jueves reúnete en familia y haz como Damaris, que en las buenas y en las malas supo decir: “¡Gracias, Señor!”.