Opinión: Lo que no es igual es distinto
¿Puede ser igual algo que es distinto? Esa es la pregunta que ronda mi conciencia hace semanas tras el férreo debate social que vive Puerto Rico en relación a…
Por Padre Orlando Lugo Pérez @PadreOLugo
¿Puede ser igual algo que es distinto? Esa es la pregunta que ronda mi conciencia hace semanas tras el férreo debate social que vive Puerto Rico en relación a los llamados matrimonios gays.
Debatamos racionalmente, con altura. Consciente de que los argumentos bíblicos son considerados inválidos por el sector politiquero del país, como comunicador deseo aportar razones filosóficas y legales que ayuden a DIALOGAR, no a imponer. Así identificaremos las bondades ocultas en las diversas argumentaciones sobre el tema con el fin de promover un sano entendimiento. Deseo comprobar que la defensa del matrimonio entre hombre y mujer no es una irracional pataleta cristiana, sino un asunto serio de orden social y de justicia natural.
El derecho protege y promueve todo aquello que el ser humano necesita para vivir dignamente y en paz (DSI, 153). El llamado matrimonio tradicional es una institución antropológica natural con fines únicos para la sociedad que no los tienen otras realidades humanas, aunque estas deban ser estrictamente respetadas y toleradas.
Los fines esenciales del matrimonio son el amor y la ayuda mutua, y los supeditados son la procreación de los hijos y su educación (CIC, 1055). Esto no solo lo afirma la Iglesia, sino también la costumbre histórica-jurídica. “El matrimonio consiste en la unión del hombre y de la mujer…”, sentenció el emperador Justiniano en una sociedad romana incluso permisiva con la conducta homosexual (Institutas 1, 9,1). El matrimonio natural se protegió jurídicamente precisamente para garantizar que sus exclusivos fines se produzcan realmente en beneficio de todos. Que los niños nazcan naturalmente por amor, con mamá y papá, es indiscutiblemente bueno y necesario para el mundo. ¿O no? No se legisla la vida privada; se legisla el bien común.
Pregunto: “¿Es justo que Ricky Martin prive a sus hijos de tener madre porque sí?”. Analicemos, pensemos, dialoguemos… El “ateo” Nietzsche posiblemente le diría: “Para un hombre no es lícito este deseo (de tener un hijo) cuando se trata de una necesidad, por soledad o descontento”. “Donde empiezan mis derechos terminan los del otro”, dice el jíbaro de aquí.
Los homosexuales pueden tener reclamos legítimos. ¿Por qué negarles a ellos y a otras uniones humanas legítimas derechos básicos, como la herencia, plan médico, etcétera? Un matrimonio no lo hacen los beneficios, aunque los incluye. Pero la fuente de estos derechos no está en su sexualidad, sino en su dignidad humana. Algunos derechos sí, pero matrimonio no, aunque lo diga el Supremo. Al final debemos reconocer que lo que no es igual es distinto.
Vea también estas notas:


