Opinión: La humana antes y después del smartphone
Tengo 39 años y una memoria bastante buena. Pero antes mi memoria no era solo bastante buena, era casi casi prodigiosa.
Por Dennise Y. Pérez @denniseypr
Tengo 39 años y una memoria bastante buena. Pero antes mi memoria no era solo bastante buena, era casi casi prodigiosa.
Y hay una razón fundamental por la que ya no lo es. La descubrí poco después de comenzar a pensarlo. Se cae de la mata: mi memoria inicial se desarrolló antes de que los teléfonos inteligentes existieran. Y créanme, los teléfonos inteligentes cambiaron nuestras cabezas, nuestras memorias y nuestra capacidad de almacenaje de información.
Soy ochentosa, así que conozco de primera mano cómo algunas cosas cambiaron nuestra cabeza casi sin darnos cuenta. Piénselo. Del mismo modo que hay estudios que prueban que la capacidad de imaginación del ochentoso se vio reducida ante la llegada del MTV (Music Television Video), debe haber estudios de este nuevo siglo que concluyan que los smartphones nos fastidiaron la memoria.
No estoy bromeando. Recuerdo que mi profesor de la universidad Popelnik —awesome profesor Popelnik—nos presentó un estudio que decía que una canción era bien diferente en la cabeza de la gente hasta que veían el video en MTV. De ese punto en adelante era bien difícil que la persona imaginara la parte visual de esa canción de otra manera. De hecho, Van Halen fue más famoso una vez existió MTV. Está probado. Michael Jackson, ni se diga. No hizo sus millones antes. Los hizo después. El video de “Thriller” prueba todo.
Pues del mismo modo que el MTV nos jodió la cabeza, los smartphones jodieron nuestra memoria.
Yo me crié en un campo donde tuve que esperar hasta por lo menos los 12 años por tener teléfono. Hello? Y como para mí era una gran novedad, yo me pasaba mirando los teléfonos en los letreros. Desarrollé una habilidad para aprendérmelos. A veces mami decía que había que llamar a equis sitio, dentista, pediatra, loquero, y yo le decía el número. Ella siempre me miraba sorprendida, pero nunca me decía por qué.
Literalmente, recuerdo TODOS los números de teléfono de mis amigos y de mis exnovios hasta el año 2000. Mi primer novio —que fue además mi primer esposo— decía que no era posible, que era imposible que yo tuviera ese tipo de memoria, que era de otra galaxia. Llegó a decir que me amaba por mi memoria. Al final no sé ni por qué me amó.
Es superloco. Tengo amigos de la infancia que después de años de habernos graduado en el colegio yo los sorprendía llamándolos por teléfono para felicitarlos en sus cumpleaños. Eso requería que recordara su número de teléfono, pero, además, sus días de festividades especiales. JA, JA, JA. Pregunta. Yo sé. Era una risa que los llamara. Sabían que los llamaría.
Mi esposo argentino se queda con la boca abierta cada vez que menciono un nombre o un número en su presencia. Él siente que soy un ser humano fuera de este mundo. Yo también. Yo recuerdo cosas que él no imagina. Yo tampoco.
Yo siento que mi vida es una locura. A veces se me olvida mi nombre. Porque la vida de una persona normal es una complicación. Mi vida, que no es de persona normal, es peor que eso. Si me lo recuerdas, mejor.
Pero en el momento en que MTV sustituyó mi creatividad y mi celular sustituyó mi memoria, pensé que todo estaba perdido. Cada vez que mi celular muere, yo me siento el ser más inservible, más bruto y más ridículo.
Me ha pasado en momentos delicados. Lo resiento. Prefiero haber sido una persona con más de mil caracteres disponibles. Antes del teléfono inteligente, me las sabía todas. Qué tiempos esos.
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