Opinión: Llamado urgente a fomentar innovación tecnológica
Les confieso que disfruto grandemente observar cómo la tecnología está transformando y alterando modelos anticuados de negocios. Estamos apenas comenzando en…
Por Juan Carlos Pedreira @juancpedreira
Les confieso que disfruto grandemente observar cómo la tecnología está transformando y alterando modelos anticuados de negocios. Estamos apenas comenzando en una nueva fase de una importante revolución industrial que cambiará la manera en que trabajamos y que hasta pudiera provocar que el trabajo que tenemos hoy día desaparezca en un futuro no muy lejano.
Un nuevo movimiento empresarial se está forjando apoyado por apps que prometen ahorrarnos tiempo y dinero. El concepto de abrir un negocio, alquilar un local, comprar mercancía y solicitar más de 50 permisos gubernamentales será muy pronto cosa del pasado. El nuevo empresario provocará que no tenga que invertir en gran cantidad de personal ni tener una presencia física, como tampoco hará falta un capital significativo para comenzar.
Estamos ante un fenómeno que tendrá grandes implicaciones en los próximos años para muchas industrias no solo en Puerto Rico, sino en el mundo entero. Con el sharing economy —la economía del compartir— por medio de un app puedes hacer dinero con tu tiempo, servicio o cosas que tienes. Esta nueva economía ha abierto una oportunidad sin precedentes a empresarios, conectando a personas que necesitan un producto o servicio con otros que tienen el tiempo o el recurso físico. Ciertamente, los apps que tenemos en nuestro teléfono son la versión moderna de una cuchilla Swiss Army —múltiples soluciones para resolver los problemas que se nos presentan día a día—. Detrás de todo esto una serie de servicios, como Uber, Airbnb, Zipcar, entre otros, están provocando una transformación importantísima en la manera en que adquirimos bienes y servicios.
La generación de millenials no le ven el mismo valor a ser dueños de sus cosas. Ni los autos son un status symbol como lo era hace algunas décadas. Esta generación busca compartir, intercambiar o rentar antes que comprar. Expertos aseguran que la experiencia va a ser más importante en esta nueva economía, pasando a un segundo plano el ser dueño de las cosas. ¿Recuerdas la última vez que compraste un CD? Ahora la experiencia te llega gratis y de manera ilimitada con servicios como Pandora y Spotify. Si en un futuro la gente no es dueña de las cosas, probablemente no necesitemos casas tan grandes. Piensa por un momento en todas las cosas que tienes y no estás utilizando en tu casa. ¿Cuánto espacio necesitarás para vivir en el futuro?
Hay reportes que apuntan a que esta generación está adoptando esta modalidad por razones de conveniencia y economía, al punto que podría estar reemplazando hacer compras en tiendas tradicionales. Esto va más allá de comprar libros usados en eBay o Amazon. Ya lo hemos visto en lugares como GameStop, donde puedes comprar y vender videojuegos usados. Estamos hablando ahora de múltiples industrias con servicios como Tradesy (ropa y accesorios de lujo), Task Rabbit (servicios de limpieza, handyman, etcétera) y Zilok (alquilas lo que quieras).
Mientras todo esto ocurre, en Puerto Rico vivimos en una regresión tecnológica en la que ya se escuchan tambores proteccionistas a industrias como los taxistas ante la inminente llegada a la isla del servicio de transporte público Uber, que ya está disponible en más de 216 ciudades alrededor del mundo. Ya hay legisladores buscando torpedear esta innovación tecnológica argumentando que hay que reglamentarlo para que opere bajo las reglas existentes de mercado. En vez de hacer una ingeniería en reversa y pensar primero en los usuarios y entender cómo se puede servir aún mejor, rápido entran en pánico y buscan levantar las barreras para impedir lo inevitable. Nuestro ordenamiento legal debe fomentar la innovación, no debe servir para proteger carteles o modelos anticuados de negocios. Lamentablemente, estas industrias utilizan cabilderos que le ayudan a proteger su “finca”. La pregunta es qué grupos de interés o cabilderos ayudan a fomentar la innovación tecnológica. Somos nosotros, los consumidores, los que debemos impedir que se limite el alcance de toda esta innovación. Que sea el mismo mercado el que decida si la idea es buena o no. No un proyecto de ley amañado por el único propósito de impedir el desarrollo de nuestro país.
Y esto es solo el comienzo. Servicios de alquiler de hogares, como Airbnb, serán pronto otro de esos servicios que pondrán el “grito en el cielo”. Los operadores de paradores y hoteles en Puerto Rico también lo harán cuando vean cómo una generación de turistas modernos están dispuestos a alquilar espacios en hogares privados antes de ir a una hospedería tradicional. En San Francisco, el municipio logró encontrar un punto medio con Airbnb, legalizando su operación y simplificando el proceso de recolección de impuestos. Una movida similar debería ser emulada en Puerto Rico para promover aún más nuestro turismo. El Gobierno debe ser facilitador de toda esta innovación. Impedirlo garantizará que continuemos retrocediendo aún más de lo que estamos. Eso no lo quiero yo. Apuesto a la tecnología como factor que nos traerá nuevos éxitos como país en las próximas décadas.
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