Noche de degustación en Cien Vinos

Aunque no paro el cucharón en la cocina, de vez en cuando lo suelto para irme a experimentar nuevos sabores en otros sitios. Uno de estos lugares para esas…

Por Devorak Amadeo @PizcadeGourmet

7 oct 2014, 11:00 pm 5 min de lectura
Noche de degustación en Cien Vinos

Aunque no paro el cucharón en la cocina, de vez en cuando lo suelto para irme a experimentar nuevos sabores en otros sitios.   Uno de estos lugares para esas escapadas es una mesa en medio de una plazoleta bajo las estrellas con la brisa de la noche y el buen vino haciéndonos compañía toda la velada.   Esta mesa es del restaurante Cien Vinos y es uno de los restaurantes que más nos disfrutamos.

Los raviolis de setas son uno de mis favoritos, de esos platos que cuando los pruebas imaginas tus ojos y tu pelo como en los muñequitos haciendo piruetas de felicidad.   Y no les puedo explicar el filete mignon en salsa de blueberries y queso brie sobre majado de ñame.   Quisiera, pero es sabrosamente inexplicable, espero que lo prueben ustedes mismos.   Es que el chef Alexander “Xander” Rosario ha desarrollado un extenso menú de tapas frías, calientes y platos principales del día con lo que llega fresco para degustar y aparear con los vinos de la acogedora bodega de Cien Vinos, que son importados exclusivamente por ellos, por lo que se encuentran muchos vinos particulares de viñedos pequeños que lo trabajan de forma artesanal.   Tengo que confesar que los mejores momentos felices tomando vino han sido con los vinos de aquí…¡pero shhhh!

Así que cuando me invitaron a una de sus degustaciones mensuales ni lo pensé dos veces.   ¡Dale!   Se trataba de los vinos de la casa italiana Rivetto en Piamonte, productores de estilo orgánico y artesanal; un estilo que actualmente no es al que está acostumbrado la cultura puertorriqueña de vinos, como nos comentó Marcos Mercado, el sommelier a cargo de dirigir la degustación.   Esta casa fue fundada en los años de 1920 y se ha mantenido vigente por 4 generaciones.

Lo divertido de esto es que tienes la mesa llena de copas, todas listas para llenarse de vino.   Seis fueron los que allí sirvieron, todos con su pareo perfecto de comida preparada por chef Alexander.

Primer curso una vieira marinada en miel con ensaladilla de hinojo.   Desde ahí empezamos bien, no por el vino sino porque la salsa de la vieira era de cacao y mantequilla.   Para este plato nos sirvieron un Langhe Nascetta.   La nascetta es una uva extremadamente exclusiva, por esto muchos viñedos a través de los años han evitado trabajarla para darle paso a otras uvas, que aunque no tan exquisitas son más fáciles de manejar y generan más ganancias.   Es una sorpresa, porque es ligero pero muy sutil y controlado, no sentí picos volátiles de acidez o amargor.   Un sabor muy suave y de tierra fresca, ideal para este primer curso.

Para el segundo curso nos llegó un “arancini”, que es como una croqueta de arroz grande, rellena de carne de gallinita ahumada y queso fontina.   Aquí se puso más interesante el asunto porque nos sirvieron dos vinos para comparar cómo pareaban con la comida; Langhe Nebbiolo y Barbaresco Cè Vanin, ambos de uva nebbiolo y crecida en la región de Barbaresco.   Eran parecidos en sabor, pero me gustó más cómo las notas de té, fruta seca y cola del primero bañaban perfectamente el sabor ahumado de madera de la carne y los toques de sabor a nuez del queso.

Ahora llega lo que para mí fue uno de los mejores momentos de la noche, raviolis rellenos de pato confitado y foie grass en salsa de mantequilla con notas de salvia.   El relleno super cremoso y la pasta perfectamente al dente.   Nos sirvieron otros dos vinos (yupiii); Barolo del Comune di Serralunga d’Alba y el Barbera d’Alba Lirano Soprano.   Siendo el barolo el gran vino de Italia, ya en esta ronda los vinos eran más robustos y se podía apreciar más la fermentación.   Las uvas Nebbiolo de estos vinos son de mejor calidad que los vinos anteriores y por lo tanto responden mejor a los procesos de maduración.   Aquí me gustó más el Barolo, y no es porque esté viciada con los barolos, es que el Barbera era más contraste con su alta acidez y el Barolo más complemento con sus notas controladas de madera y frutas oscuras.

Llenando el último espacio para una copa en la mesa llegó el barolo mayor, el Leon Riserva, añejado por 5 años.   Fue servido con una albóndiga de cordero rellena de dátiles sobre una pasta en salsa royal.   El toque dulce de la fruta complementaba los sabores rústicos italianos de la carne.   El vino era suave pero con mucho peso en boca.   Se podían apreciar notas de madera, chocolate y vainilla en vaina. Pero a pesar de estas notas tan intensas la textura era sedosa y limpia, nada aguada.   Definitivamente un gran ejemplo de un Barolo artesanal.

Como cariñito a los presentes nos sirvieron una natilla de jengibre, que fue mi segundo mejor momento de la noche.   El fondo de salsa de caramelo era espectacular, dulce y caramelizado.   Lo mejor era que lo acompañabas con el vino que quisieras porque la mesa estaba llena de las copas.   Aunque quizás hubiese sido prudente acompañarlo con agua o un café.

La buena notica es que Cien Vinos hace estas degustaciones una vez al mes con vinos de distintos viñedos que representan.   Sus dueños José Luis Quintana y Beatriz Casero planifican con el equipo del restaurante estos eventos para que los participantes aprendan un poco del concepto del pareo de vinos con un menú particular.   Ya son casi 4 años que llevan promoviendo este concepto en un ambiente casual y relajado. Todos los participantes saludaban al equipo como familia, y ese estilo es el mejor para pasarla bien.

Para más pueden encontarme en Facebook @ Pizca De Gourmet, Instagram @DevAmadeo o Twitter @PizcaDeGourmet .   ¡Hasta la próxima!