Opinión: Sencillo y mezquino
A pesar de las divisiones en el PNP, producto del reto a su institucionalidad que representa la candidatura de Ricky Rosselló, el liderato anexionista está…
Por Armando Valdés @armandovaldes
A pesar de las divisiones en el PNP, producto del reto a su institucionalidad que representa la candidatura de Ricky Rosselló, el liderato anexionista está unido en torno a una decisión estratégica que podría afectar el resultado de las próximas elecciones. A saber, todas las facciones coinciden en que los comicios del 2016 serán plebiscitarios.
De ahí los pronunciamientos de varios funcionarios esta semana, entre ellos Pedro Pierluisi, quienes aseguran que ahora harán todo lo posible por alcanzar la estadidad. Dicha expresión parecería absurda e innecesaria considerando que el PNP se fundó para lograr precisamente esa meta. Sin embargo, lo que esto demuestra es la conquista de figuras como Miriam Ramírez de Ferrer, Luis Dávila Colón y del propio Ricky, quienes con sus críticas constantes a las estrategias electorales de su partido lo han movido marcadamente hacia la derecha.
Su planteamiento es tan sencillo como lo es mezquino. El PNP, en el poder y fuera de él, se ha enfocado en gobernar el ELA y atender sus problemas sin darse cuenta de que estos tienen como causa próxima el estatus político de Puerto Rico. Toda gestión pública debe ir dirigida a la anexión.
Crecer la economía, combatir el crimen y mejorar la educación no solo son distracciones, sino que, además, socavan los fundamentos de su teoría política. Por ello las campañas de ambos candidatos les aseguran a sus huestes que el mensaje de cara a la contienda por la gobernación será proclamar la anexión como panacea.
Cada uno de los dos contendientes principales pretende demostrarle al corazón del rollo novoprogresista de cara a la primaria que su sangre es más azul que la del otro. Sin duda, el mensaje aparentaría ser correcto considerando la composición de ese electorado. La pregunta es si funcionará ante la población general. Los resultados del plebiscito más reciente indicarían que no.
Tomando en cuenta el total de personas que votaron, 1,878,969, el apoyo a la anexión apenas alcanzó el 44.4 %. Más aún, con 884,775 votos, el gobernador Fortuño, con todo y sus números negativos, superó por 50,000 el total de 834,191 sufragios a favor de la anexión.
Todo esto apunta a una estrategia que para el PNP podría resultar arriesgada. Insistir en que el desenlace de la elección será leído como un apoyo a la estadidad motivará y energizará a las fuerzas que se oponen a ella. Por otro lado, aun los partidarios más fervientes del estado 51 viven y enfrentan a diario las realidades de Puerto Rico y —espero no equivocarme— quieren que el país eche pa’lante hoy, no de aquí a que se haya logrado la quimera anexionista.
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