Opinión: Necesidades evidentes

Nuevamente al gobernador Alejandro García Padilla le toca enfrentar con su característico desprendimiento patriótico un problema monumental, cuyas raíces…

Por Armando Valdés @armandovaldes

25 sept 2014, 11:00 pm 2 min de lectura
Opinión: Necesidades evidentes

Nuevamente al gobernador Alejandro García Padilla le toca enfrentar con su característico desprendimiento patriótico un problema monumental, cuyas raíces pueden trazarse a las decisiones equivocadas de las últimas décadas. En esta ocasión, el déficit de la Autoridad de Carreteras, el cual amenaza con paralizar los sistemas de transporte y el mantenimiento y operación de las carreteras del país.

¿Cómo llegamos aquí? La contestación es compleja, pero dos factores pesan más que ningún otro. Primero, el Tren Urbano fue un error costosísimo. Su diseño fue totalmente inapropiado a las necesidades del área metropolitana. Las paradas son faraónicas y totalmente descontextualizadas de su entorno urbano. Los elevados son adefesios que en ocasiones aparentan rozar las paredes de los edificios a su alrededor. Y las paradas están tan próximas la una de la otra que el tren nunca puede alcanzar las velocidades de traslación para las que fue construido. Peor, por su costo y las ataduras legales de los fondos federales que se emplearon en su desarrollo, estamos obligados a continuar operándolo viendo como —tal ferrocarril fantasma — traslada a ciertas horas solo a su conductor y alguna otra alma en pena.

Incluyamos, entonces, en este cuadro tétrico que el Tren Urbano opera con un déficit anual que entre el año fiscal 2002 y el año fiscal 2012 promedió $85 millones. En otras palabras, todos los años, la operación del tren pierde una cantidad similar al presupuesto anual de la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción, mientras los ingresos de los usuarios cubren solo una porción ínfima de los gastos del sistema. Invertir en un tren liviano o en un bus rapid transit para la ciudad habría sido más eficiente y menos costoso, pero a uno de nuestros gobernantes le hacía falta engrandecer su ego con el dinero tuyo y mío.

El segundo factor es la reducción en los ingresos producto del arbitrio a los derivados del petróleo. Hace años, el país decidió financiar la Autoridad utilizando este impuesto. Sin embargo, del 2002 al 2012, los ingresos del arbitrio se han reducido en unos $102 millones anuales. Entre estos dos componentes del presupuesto y otras misceláneas, el déficit anual de la Autoridad alcanza los $216 millones. La necesidad de tomar acción es evidente.

Igual de evidente es la necesidad de que el Banco Gubernamental de Fomento tome conciencia de la proximidad de las elecciones. Si el PPD no revalida, gran parte de lo que se ha hecho para sanear las finanzas del país se irá por la borda. Políticamente, habría sido conveniente que los cambios al arbitrio se hicieran todos en el 2013, pero ya eso es agua pasada. Esperemos que de aquí a un año no estemos ante este mismo problema para un tercer turno al bate.