Opinión: Ingrid y Víctor
La Secretaría de la Gobernación ha crecido en poder en años recientes. De ser el principal ayudante del ejecutivo, esta importante posición se ha tornado en…
Por Armando Valdés @armandovaldes
La Secretaría de la Gobernación ha crecido en poder en años recientes. De ser el principal ayudante del ejecutivo, esta importante posición se ha tornado en una especie de vicegobernador y jefe de gabinete, ostentando y empleando vicariamente el poder que le confiere el electorado al primer mandatario.
Los dos nombramientos que ha hecho Alejandro García Padilla a este puesto —y sé que me adelanto con el segundo, ya que todavía, al escribir estas líneas, no se ha confirmado su designación— fueron acertados toda vez que respondían a diferentes momentos y necesidades.
Ingrid Vila, con quien laboré en la confección del programa de gobierno de esta administración, traía consigo un bagaje administrativo envidiable y, aun cuando colaboró en ese aspecto de la campaña, no proyectaba ser una activista política de partido alguno. Al inicio de este gobierno, luego de una difícil campaña electoral y habiéndose producido un resultado que nuevamente demostraba lo dividido que está el país, Ingrid era un recordatorio diario de que este joven líder de Coamo había venido a poner el país por encima de cualquier otra consideración. Su capacidad intelectual, su incansable labor y su experiencia gerencial trazaron la hoja de ruta para el gobierno que ahora Víctor Suárez tendrá que timonear.
Víctor, con quien también tuve el privilegio de colaborar en la pasada campaña, entra al puesto con un historial igual de impresionante en lo administrativo, tanto en el sector privado como en el público. Como vicealcalde de Carolina, fue la mano derecha de José Aponte en su gesta gigante para convertir a dicho municipio en ejemplo a seguir para el resto del país. Y por los pasados dos años ha dirigido exitosamente la Autoridad de los Puertos y la Autoridad del Distrito del Centro de Convenciones. En el primero de estos dos puestos, mostró gran temple y empeño, particularmente en lo que respecta la controversial APP del aeropuerto, proyecto de continuidad de la administración anterior.
Lo que distinguirá el quehacer de Víctor en la Secretaría será su conexión más directa con la estructura política y anticipo una mayor disponibilidad ante los medios de comunicación. Ambos elementos resultan cruciales en esta etapa —luego de la incumbencia de Ingrid y con un gobierno ya maduro— al acercarse nuevamente el periodo eleccionario. La eficiencia del gobierno en estos próximos dos años dependerá de una gestión política activa y combatiente, y de un coro de voces que salga a defender y promover la obra pública.
En fin, que, aunque en Puerto Rico se ha querido demonizar lo “político”, en nuestro sistema democrático —por diseño— el éxito de la administración pública y de la gestión política dependen la una de la otra.
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