Opinión: Cariño mío, nos vemos en el cielo
Un golpe de teléfono bastó para cambiar un día tenso y depresivo a uno doloroso y reflexivo.
Por Padre Orlando Lugo Pérez @PadreOLugo
Un golpe de teléfono bastó para cambiar un día tenso y depresivo a uno doloroso y reflexivo.
Suena mi teléfono celular. “Saludos. ¿Habla el padre Orlando?”. “Así es. ¿Con quién tengo el gusto de conversar?”. “Me llamo Karilyn Bonilla, la alcaldesa de Salinas”. Respondo sorprendido: “¡Alcaldesa, qué honor que me llame usted personalmente! ¿En qué le pudo servir?”. Me contesta: “Qué pena que la primera vez que hablemos sea para darle una mala noticia. Se trata de Camile Villafañe, mi directora de prensa. Su madre me dijo que ella lo quería mucho. Lamentablemente, la hemos encontrado sin vida en su hogar hace apenas unas horas”. “¡¿Qué me dice, alcaldesa?! ¿Se murió?”. “Sí, padre, se murió”. Puff…
Así es; se murió. Se me fue el “cariño mío”, como ella solía llamarme.
Luego de rumiar la noticia, por mi mente pasaron cientos de pensamientos, buenos y malos. Por ejemplo, algunas veces cuestiono por qué a los malos no les da ni un catarro y los buenos se mueren. Y es que Camile Villafañe Padilla era una comunicadora de cinco estrellas. No tenía complejo de incorporar en su quehacer noticioso los valores humanos y cristianos que adornaban su personalidad. Camile no vendía su conciencia moral a ninguna empresa. Por eso, creo, fue tan feliz en el ejercicio de su profesión. De hecho, en uno de sus últimos mensajes en la red social de Facebook increpaba a sus colegas diciendo: “Ese momento en el que el periodista cruza la línea y opina después de presentar cada noticia #momentodeéticaperiodística”.
La muerte es el momento propicio para reflexionar sobre la vida. De la forma en que la entiendas concebirás y dirigirás tu vida terrenal. Por eso algunos consideran que esa realidad natural ha sido el motor de la reflexión filosófica de todos los tiempos. Los estoicos, por ejemplo, decían que la filosofía era “un comentario sobre la muerte”. El alemán Martin Heidegger, por su parte, afirmaba en su metafísica que el hombre es un “ser para la muerte”. Pero ¿qué es la muerte de verdad?
Vivo convencido de que la muerte es la ida del ser humano hacia Jesús y su entrada a la vida eterna (CCE, 1020). Conocí el alma de mi “cariño” Camile, y tengo mucha fe de que, cuando cerró sus ojos a esta vida, los abrió para la del cielo. Por eso a la familia natural de Camile y a su familia extendida en Salinas les digo: “Tranquilos. La muerte no es el final del camino, es el inicio de la vida plena. ¡Ay, cariño mío, descansa en paz! Pronto nos veremos en el cielo.
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