Opinión: Llegó el Apocalipsis al basket boricua
Ya se acabó el Mundo Básquet, al menos para los boricuas, y la realidad es que ha sido la gota que colmó la copa.
Ya se acabó el Mundo Básquet, al menos para los boricuas, y la realidad es que ha sido la gota que colmó la copa.
El desastre era totalmente anticipable, pero los boricuas —orgullosos al fin— nos negamos a ver las clara señales de lo que se avecinaba. Desde hace años, hay cuentas en las redes sociales, blogs especializados en baloncesto, colegas periodistas y programas radiales deportivos que seriamente vienen discutiendo la necesidad de crear un programa nacional de baloncesto para mantener alimentada a la Selección Nacional.
La realidad es que tras el hito histórico de ganarle al Dream Team en el 2004, los boricuas no hemos tenido suerte en el baloncesto mundial. No somos ni la sombra que éramos en un momento dado, pero la realidad es que el básquet ha cambiado mucho. Dejó de ser hace tiempo un juego de cocina callejera, donde grandes anotadores como Quijote Morales, Raymond Dalmau, Eddie Casiano, entre otros podían lucir en ese juego individualista, muy cercano a la NBA.
Puerto Rico es un país orgulloso que le cuesta enfrentar sus problemas a tiempo para luego salir corriendo a tratar de remendar. Lo hemos visto con la degradación económica, con la debacle en el Departamento de Educación, en fin, la lista no acaba.
Antes de comenzar a navegar por los mares del periodismo, yo como muchas de mis amistades, jugué baloncesto hasta llegar a la Liga Juvenil. Pasé por las manos de Danny Ortiz en Bucapla, de Ángel López Panelli en el Colegio Carvin School y de otros tantos coaches veteranos de esa ligas menores. Luego, como todo en la vida, me certifiqué como entrenador nivel I en un proyecto piloto de la Federación de Baloncesto, que me permitió dirigir a niños y niñas, pre adolescentes y hasta equipos de categorías juveniles que me sirvieron para generar un ingreso mientras estudiaba en la universidad.
Dicho eso, recuerdo cuando trabajaba en la redacción de un periódico de circulación general, me tocó en una ocasión escribir un extenso reportaje, tras una de las recientes debacles del seleccionado patrio donde se planteaba: Ajá, ¿Y ahora que? Esa es la gran pregunta.
Escuchando la discusión de los últimos días, y sacando a un lado el patriotismo fanático que a veces nos ciega, este fracaso de la Selección Nacional nos debe servir para reflexionar profundamente en los siguientes aspectos:
1. Cambios drásticos, rápidos y contundentes en la dirección técnica y administrativa de la Selección Nacional y apostar a la transparencia en la toma de decisiones. O sea, me explico, ¿De quién fue la idea de atosigar tantos partidos de fogueo, en viajes largos a tan solo pocos días del mundial?
2. Mirar proyectos a mediano y largo plazo, que incluyan centros de capacitación administrados fuera de la Federación y el BSN. Me explico, ahora nuestra meta debe ser la reconstrucción con miras a los próximos compromisos del Equipo Nacional. Probablemente vayamos a coger pela, pero Roma no se construyó en un día y este desastre de nuestro baloncesto ha tomado décadas. La ruta será dolorosa, pero el resultado gratificante.
3. Desempolvar el proyecto de capacitación que existía cuando el secretario de Recreación y Deportes era el señor Georgie Rosario. De hecho, esos centros de capacitación se ensayaron en la ciudad capital bajo la administración de Sila Calderón y eran una especie de Alianza Público Privada. Recuerdo que el centro de capacitación de baloncesto, que se ubicó en el Coliseito Pedrin Zorrilla, la gerencia de los Cangrejeros aportaba dinero y personal para que los que jugábamos allí pudiéramos también capacitarnos y aspirar a ser parte del equipo grande. También en esta línea se debe retomar la iniciativa a principios del 2000 cuando se comenzó el desarrollo de los centro Altura y Amazonas que eran para el desarrollo de jugadores y jugadoras de mucha estatura.
3. Identificar jugadores para un proyecto piloto de crecimiento y desarrollo para el futuro. Digamos, como los Golden Boys de gimnasia que estuvieron practicando desde pequeños y nos dieron gloria en el deporte nacional.
En ese sentido, se debe seleccionar algún núcleo de jugadores, ya sea la selección Sub 17 u otro, para que trabajen juntos y sigan hacia otros torneos para que cojan galletas y pelas, pero que sean los futuros seleccionados grandes.
4. Limitar el control de la Liga del BSN sobre el calendario de la temporada, sobre todo en años de Olimpiadas y Mundiales. Se debe mirar con detenimiento como funciona la relación entre las ligas profesionales y las federaciones de los respectivos países. Es de todos sabido que esta selección no estaba lista ni descansada después de una temporada tan extensa.
5. Separar la presidencia del BSN de la presidencia de la Federación de Baloncesto. Lo que tienen allí es un cartel que por años ha atravesado por serios problemas económicos por gastan el dinero en que todo el mundo viaje para satisfacer los intereses personales de unos pocos sin visión del desarrollo baloncelístico. Todos saben que allí se hace lo que Carlos Beltrán diga y si no le caes bien, se acabó lo que se daba. Si no me creen, pregúntenle a los asistentes y dirigentes que han pasado por los 12 magníficos. O es más, miren como las 12 magníficos tienen que prepararse para sus torneos internacionales, da lástima. Propongo, ya que algunos les encanta parecernos a nuestros vecinos del norte, a lo mejor se puede mirar el modelo de USA Basketball y su relación con la gerencia de la NBA. No es el mejor modelo pero se puede observar.
6. Aunque algunos no les guste, en lo personal no me encanta la idea, pero se debe evaluar seriamente la posibilidad de nacionalizar jugadores. Todo el mundo lo hace y nadie se queja. Esto cuesta dinero, que no hay y yo lo invertiría en el desarrollo del deporte, pero debe evaluarse la alternativa.
7. Y por último, debe existir un control estricto atado a metas de desarrollo de talentos en las categorías menores….. Flor Meléndez ha hablado de esto a la saciedad, para capacitar a coaches, limitar torneos y extensión de los mismos para niños. Está más que comprobado que los chamacos no pueden jugar 65 torneos al año porque al final de su etapa de desarrollo no están ready para el empuje y se queman. Por eso cuando llegan a universidad vienen las lesiones serias y nos quedamos sin personal fresco para alimentar el programa de selecciones nacionales.
Tome nota señor secretario Ramón Orta, le toca a usted dirigir esta discusión. Al final del día, es usted quien tiene la última palabra para decidir si Recreación y Deportes quiere seguir aportando a la quincalla baloncelistica o hacer las cosas bien. Créame, ese será su legado que servirá para todas las federaciones en Puerto Rico.
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