Opinión: Leviatán

Los problemas que se han reflejado en este inicio de semestre no son ninguna novedad. Tan es así que, con tan solo repasar las portadas de los principales…

Por Armando Valdés @armandovaldes

29 ago 2014, 12:00 am 2 min de lectura

Los problemas que se han reflejado en este inicio de semestre no son ninguna novedad. Tan es así que, con tan solo repasar las portadas de los principales rotativos de los meses de agosto durante al menos los pasados 20 años, veríamos que podrían reproducirse las mismas imágenes y los mismos relatos periodísticos del ayer para contar las vivencias actuales de padres, estudiantes y maestros. Así de recurrentes y arraigados son los retos que enfrentamos para enderezar la instrucción pública en nuestro país.

Sí es justo reconocer que al comienzo de este año escolar no hemos visto las grandes deficiencias de infraestructura y materiales que eran una queja constante del personal en los planteles. También es cierto que la mayor parte de los maestros, particularmente en la corriente regular, han sido nombrados. No olvidemos que el cuatrienio pasado esos mismos defectos llevaron a que se atrasara por varias semanas la apertura de las escuelas para todo el sistema público.

Aun así, hay que admitir que en la corriente de educación especial se han presentado muchas dificultades. Lamentablemente, a menos que encaminemos una transformación total, el año próximo, y de aquí a otros veinte años, es muy probable que se continúen materializando estos mismos problemas; y si no estos, otros. Por algún lado va a salir el tiro.

El Departamento de Educación es un leviatán burocrático cuyo tamaño, recursos humanos y organización no están optimizados. Para muestra con un botón basta. El Departamento es el tercer sistema de educación pública más grande de EE. UU., pero, a pesar de tener 200,000 estudiantes menos que el segundo sistema, el de la ciudad de Los Ángeles, tiene 300 escuelas más.

En su estado actual, con un alto nivel de centralización que obliga a que toda decisión se tome por el propio secretario, no hay ningún hombre o mujer que pueda administrarlo para satisfacer las necesidades de Puerto Rico. El sistema se ha anquilosado y se ha convertido en enemigo de la innovación. Aun cuando se puedan hacer algunas mejoras, no dejarían de ser parchos.

La educación es la herramienta más eficaz que, como país pequeño y de pocos recursos naturales, tenemos para crecer nuestra economía y para darle a nuestra gente una oportunidad de superarse. Nadie puede estar satisfecho en esos dos renglones con el producto de nuestras escuelas públicas. Hay estudiantes excepcionales, sí. Pero el promedio no es halagador y, por debajo de la media, hay muchos estudiantes que son abandonados por la escuela.

Ninguna propuesta puede ser descartada: ni las escuelas charter a la usanza de la puertorriqueña Gloria Bonilla en Camden ni la municipalización de la administración de la planta física. Lo que está en juego es demasiado valioso como para cerrarnos al cambio.