Opinión: Una foto que vale un millón
¿Un gran orgullo? Quizás… Pero eso suena un tanto arrogante… Y, en realidad, se trata de un inmenso privilegio. Hablo de la oportunidad de darle la vuelta al…
Por Yolanda Rosaly @YolandaRosaly
¿Un gran orgullo? Quizás… Pero eso suena un tanto arrogante… Y, en realidad, se trata de un inmenso privilegio. Hablo de la oportunidad de darle la vuelta al mundo y plasmar en papel, en audio o video las ejecutorias de tantos artistas. Esta semana llegan a mí múltiples recuerdos de dos de nuestros grandes, quienes hacen pública su visita a nuestra isla.
Sí, porque Chayanne y Ricky Martin viajan a Puerto Rico muchas más veces de lo que se imaginan, aunque prefieren pasar “por debajo del radar” y así disfrutar con toda tranquilidad de su familia y las bellezas de nuestro país.
Pero en estos días su paso por nuestra tierra es de todos conocido: Ricky llegó para inaugurar el Centro Educativo Tau, y Chayanne, para presentar su nuevo disco En todo estaré. Entonces, inevitablemente recordé los tantos eventos de ambos que me tocó cubrir como periodista. Sobre todo, me acordé de la foto que acompaña esta columna. Más allá de ver plasmada esta imagen, lo que más satisfacción me brinda es haber reseñado sus vidas y ejecutorias desde sus inicios en el mundo artístico.
Muchos me han preguntado dónde y cómo se dio esta foto. Fue en el 2003 en los Premios Billboard, tras bastidores. De hecho, viajé a Miami a presenciar los premios a sabiendas de que estos dos querendones compartirían el mismo escenario, cosa que no ocurre muy a menudo.
Entonces, el reto fue reseñar desde donde casi nadie puede hacerlo: los camerinos y tras bastidores. Luego de muchas peripecias, allí llegué, camarita en mano (el asunto de las cámaras en lo celulares no estaba tan desarrollado) y la cantidad de imágenes e historias fueron como para escribir un libro… Pero, sin dudas y a mucha honra, lograr unir a estos dos astros en una foto, justo en el momento de su encuentro tras las cortinas del escenario, fue mi gran “premio”.
Desde muchos años antes me la pasé diciendo que el día que consiguiera esa foto me retiraría… Pues, luego de esto, ¿qué más? ¡Ja, ja! En fin, la realidad es que siempre aparecen nuevos retos y, como ven, aquí sigo… ¡Feliz y en busca de lograr más encuentros como este!
Y, claro, tras tomar la foto de estos dos boricuas, cómo desaprovechar la oportunidad de mantener un recuerdo de tan memorable encuentro. De esta forma, Josello Vega, manejador de Ricky, me hizo el favor de perpetuar el momento.
Así las cosas, así sucedió. En aquel momento la foto valió un millón. Hoy y siempre esa foto, el momento y el recuerdo son y serán invaluables. Porque, por encima de la oportunidad periodística de aquella cobertura entre bambalinas, brilla el respeto y, por qué no decirlo, el cariño. ¡Un abrazo a ambos! Agradecida siempre.


