Opinión: Enrique Iglesias: ¿Talentoso? ¡Pero sí pegajoso!
“Yo quiero estar contigo, vivir contigo, bailar contigo, tener contigo… una noche loooca, una noche loooca… Ay, besar tu boca… y besar tu boca…”. Es probable…
Por Yolanda Rosaly @YolandaRosaly
“Yo quiero estar contigo, vivir contigo, bailar contigo, tener contigo… una noche loooca, una noche loooca… Ay, besar tu boca… y besar tu boca…”. Es probable que recientemente se haya pasado el día entero tarareando esta estrofa del tema “Bailando”, escrito por Descemer Bueno y que ha popularizado Enrique Iglesias. ¡Se trata de una de esas canciones que, cuando la escuchas en donde sea, se te pega y no hay manera de que salga de tu mente!
Sí, uno de esas melodías cuya letra no es la más poética y compleja del mundo y quizás por eso se convierte en irresistible a la memoria. Al mismo tiempo, la melodía es tan pegajosa que no hay manera de deshacerse de ella. Y pasan horas y horas… Y no importa lo que estemos haciendo seguimos cantando… Y uno se dice: “¡Dios mío, la tengo pegá!”. Y cargamos con ella el día y la noche entera.
Pero a lo que voy es que esto pasaba demasiado a menudo con temas de Enrique Iglesias, ante quien, para empezar, me quito el sombrero. Y no lo digo porque entienda que es el más talentoso del mundo. Es más, creo que está por debajo del promedio. No es un gran cantante, ni el más guapo, ni el mejor que se viste, ni el más simpático; pero, desde sus inicios, se ocupó de rodearse de los mejores, de los más importantes y reconocidos manejadores, relacionistas profesionales, expertos en mercadeo, músicos, compositores, etcétera. Al mismo tiempo, se trata de un artista muy disciplinado y quien está claro de que el que sabe sabe y hay que obedecer.
Recuerdo como ahora su primer concierto en la isla, el que me tocó reseñar. Un absoluto desastre vocalmente hablando y en lo que a su proyección se refería. Pero el montaje en escena y todos los elementos que lo rodearon fueron perfectos y dignos de un artista de primer orden. Debo confesar que, aun con lo antes dicho, sus dotes como cantante eran tan limitados que no le vi mucho futuro a su carrera. Claro, también hay que tomar en cuenta de quién es hijo… Y eso siempre cuenta y a favor del que hereda el apellido.
En fin, me equivoqué, pues todo ese andamiaje, ese package es lo ha llevado a la cima en todo el sentido de la palabra. Y, al César lo que es del César… Esa estrategia también es admirable y respetable.
El otro día, junto con un grupo de amistades, escuchaba una presentación de Enrique donde cantaba “Bailando”, y una de ellas comentó: “¡Todo lo que canta ese muchacho lo pega!”. A lo que le añado que siempre terminamos cantándolo y, por supuesto, convirtiéndolo en todo un éxito.
Así las cosas, bravo por Enrique porque esa fórmula también es válida. Y, al final de cuentas, lo primordial es que el público logre su propósito: entretenerse de forma amena y positiva a través de la música que, en cualquiera de sus vertientes, es siempre alimento para el alma. Como dice el final de la canción: “Bailando, amor; bailando, amor, es que se me va el dolor…”.


