Opinión: Sí, hola, para ir al aire…

Hay gente a la que no le gusta escuchar radio AM. Y hay gente, como yo, que no podemos vivir sin escucharla.

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr

6 ago 2014, 12:00 am 4 min de lectura

Hay gente a la que no le gusta escuchar radio AM. Y hay gente, como yo, que no podemos vivir sin escucharla.

Por la naturaleza de mi trabajo, tengo que escuchar noticias, pero también por la naturaleza de mi manera de ser, porque, aún cuando era pequeña y disfrutaba de la temporera inocencia de la vida, me levantaba escuchando noticias. Esa se la debo a mis abuelos. Las mañanas olían a café y a pan tostado… y sonaban a “W-K-A-Q Raaaaadiooo Reloooooj”.

¡Cómo olvidar esas mañanas! Herminio Quintana me daba los buenos días antes que mis abuelos. Esa costumbre la cogí en los veranos que me quedaba con ellos, y después me la llevaba a mi casa ya más adolescente. Si no era Herminio Quintana, me daba los buenos días José Enrique Alvira, y, como a los 15 años, ya era fanática del “Agárrate, Tolentino”.

Así que la radio AM siempre ha estado en mí y, de hecho, fue clave para que eligiera la carrera del periodismo.

Y no quiero cometer el cliché de que “todo tiempo pasado fue mejor”, porque no lo es así en el 100 % de los casos. Y me resisto a pensar que no evolucionamos para mejor. Pero como todo, la radio AM ha cambiado. Mucho.

Ahora sigo escuchándola, como dije, por la naturaleza de mi trabajo y por la naturaleza de mi manera de ser. ¿Qué es eso de la naturaleza de mi manera de ser? Suena a disparate semántico, pero no lo es. Es mi naturaleza observar cosas y hacerlas divertidas en mi cabeza. Y no me diga usted que, además de informarse con la radio AM, usted no se ríe.

La parte que más disfruto es cuando abren las líneas telefónicas. Porque ahí somos nosotros en todo nuestro esplendor. Es duro ser mantenedor de un espacio radial. Yo lo hice ocasionalmente hace unos años y para mí era un dolor de cabeza abrir las líneas telefónicas. “Baje el volumen de su radio”, “Su nombre y de dónde nos llama”… Y siempre está el que jura que el volumen está bajito y que ese feedback no es su culpa, más el que lo cogen en pifia al aire cuando le preguntan nombre y de dónde llaman y se tiran el “ehhhh, María, deeee ehhh, Juncos”. Pero, mija, ¿se te olvidó el nombre y dónde vives?

En eso es experto Ojeda. Yo no sé cuántas veces Ojeda dice al aire que bajen el volumen de su radio. Lo dice tantas veces que me da mucha risa. A veces les cuelga al escuchar el feedback y yo lo comprendo.  ¡Eso tiene que hartar! También es un master en cortarte la llamada si te ha dado con hablar de lo que él no está hablando. Y a veces me pregunto si hace algo con los casos de las querellas de los sin agua y sin luz.

Otra que me encanta es “Sí, buenas, para ir al aire”. Ehhh, ¡está usted en el aire si llamó al teléfono de ir al aire, míster! Y Jovet le responde con esa paciencia y ese amor tan único de ella. No sé cómo puede.

Ahora, mi favorita es “Sí, para hablar con Rubén”. Y Rubén le contesta, dependiendo del humor del que ande y si ya tomó suficiente café. “Es Rubén”, dice cuando está breve. “Sí, señora, es Rubén. Usted está al aire”, es la respuesta normal de café consumido promedio. Pero también la ha variado, supongo que para no aburrirse de decir eso 700 veces al aire. “Sí, señora, es Rubén. Usted está al aire. Y su gallo… y su perro también”. ¡Qué, quééé! En esas llamadas a veces se oye el que llama y la fauna que le rodea.

Lo bonito de esas llamadas es que, aunque dan risa, lo dan porque son reflejo de nuestra gente, de sus preocupaciones y de sus necesidades. Y podemos ser cómicos también. En estos días alguien llamó a Rubén para decirle que los baños del Aeropuerto Luis Muñoz Marín apestaban. Y lo dijo así. Y yo acá pensando en el de Miami y en el de Nueva York… si es un baño donde depositan cientos de personas por hora, seguramente apesta, pensaba yo.

Las llamadas al aire son graciosas muchas veces y valiosas las más. Al fin y al cabo son la expresión más directa de un radioescucha. Me gustan más que las cápsulas cantadas de positivismo. Son más cortas también.