Opinión: Quiero darle a mi país…

Tenía que ir al contable y buscar con ella un plan de pago para las contribuciones de mi negocio. Eran las diez de la mañana, y Poe se había levantado a las…

Por Natasha Sagardía @NatashaSagardia

1 ago 2014, 12:00 am 3 min de lectura

Tenía que ir al contable y buscar con ella un plan de pago para las contribuciones de mi negocio. Eran las diez de la mañana, y Poe se había levantado a las seis de la madrugada. La verdad es que han sido unos largos días de trabajo en la casa, fuera de ella y con Poe.  Acababa de dormirse, estaba disfrutando de su siesta matutina, y yo estaba por levantarla, ponerla en el car seat (con todo lo ello conlleva) y, justo cuando estaba por cargarla, volví a mirarla.

La ternura de su posición boca abajo, con sus brazos cruzados, enrollada en sábanas blancas, pudo más que yo y me acosté a su lado. No es que no voy a pagar las contribuciones, buscar un plan de pago y hacer lo que haya que hacer como ciudadana responsable, sino que en ese momento (gracias a la naturaleza de mi trabajo) no había nada más importante en el mundo que tirarme al lado de ella y acariciarla como a mí me hubiese gustado en ese momento.

El país está lleno de compromisos y, en este momento, está pasando por un periodo que necesita más que todo motivación. Motivación que sale desde el interior de cada cual, como un gesto generoso que se da exactamente como a uno le gustaría que se lo dieran. El país necesita apoyo desde lo más sencillo de la naturaleza humana, el corazón.

Desde que soy madre, esa sensación de compromiso con mi espacio, con mi país, con mi mundo, está tan latente como cada suspiro que realiza mi hija cuando le rasco la espaldita. Tengo la sensación de que en realidad de mí todo depende. De mí depende todo lo que hago para ella, cómo lo hago, qué estoy dispuesta a sentir cuando lo hago y qué espero a cambio.  Los tiempos pasan, pero creo que las emociones que salen naturalmente del corazón no cambian.

Ese gesto de generosidad que preferí tener con el presente más inmediato del país, que es el futuro de mi hija, al quedarme en la cama acariciándola es uno que quiero ser capaz de repetir cuando incluso la naturaleza de mi trabajo no me lo permita. Quiero ser capaz de tener la brújula tan clara que me permita decidir qué es lo que late dentro de mí. El país no es solo ser un contribuyente responsable; el país es cada gesto generoso que uno le da al presente más inmediato que vive en él.

Presente que varía de acuerdo con la naturaleza de nuestros trabajos, pero podría no variar en la naturaleza del latido del corazón. Yo quiero estar dispuesta a dar sin esperar a cambio por mi país o por el mundo, exactamente como estoy dispuesta a darle a mi hija todo de mí con el único pedido de dejarme sentir lo que siento.

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