Opinión: La gracia del buen servicio
Dicen que ante la crisis global en la economía, los países están obligados a moverse hacia la industria de servicios. Pues que aquí Dios nos coja confesaos.
Por Dennise Y. Pérez @denniseypr
Dicen que ante la crisis global en la economía, los países están obligados a moverse hacia la industria de servicios. Pues que aquí Dios nos coja confesaos.
Siempre me ha parecido una gran ironía que, siendo tan buenas personas, los puertorriqueños tengamos tantas fallas en esta industria. Si se supone, como dice en el libro de Estudios Sociales que nos dan en primer grado, que los puertorriqueños somos “amables, trabajadores y hospitalarios”, ¿cómo es que nuestro servicio da tanto de qué hablar?
He visto esfuerzos importantes de empresas que parece que han puesto a sus empleados a coger cursos intensivos de amabilidad y de cortesía. Porque de un tiempo a esa parte ir a McDonald’s es como una alegría. Te dicen “gracias” y “buenos días” como cuatro veces desde que pones el pie en la tienda o la goma en el servicarro. Me ponen de buen humor. Y los de la tienda del café que les conté el otro día, la verdad que no cambian su cara de Disney World, aun cuando yo los confundo con mi frappuccino light con leche sin grasa, pero con dos Splenda y whipped cream. ¡Así debe ser!
La gente se pregunta cómo es posible que las líneas aéreas, por ejemplo, siempre tengan problemas económicos. Y yo sé que el problema es muy superior a mi teoría, pero piénselo. Vaya a un counter de una línea aérea con una pregunta. Seguramente sin decirle ni los “buenos días” el empleado entierra su mirada en la computadora y teclea y teclea apasionadamente sin explicarle qué está haciendo. Me he dado con algunos de esos que no los dejo quietos hasta que me digan los “buenos días”. Y me he dado con otros que hasta viran los ojos. ¿Cómo se puede trabajar en la industria de servicios y virar los ojos?
Yo, por ejemplo, tengo mala suerte con los mecánicos. Muy nice y muy simpáticos, pero siempre tienen un lío en el servicio y siempre terminan entregándome el carro días más tarde y por más dinero de lo que me dijeron inicialmente. “Miss, usted disculpe”, a ver si eso me quita el enojo. Tengo una amiga con la guagua en el mecánico desde enero. ¡Y todavía está trepá en el pino! A este paso espero que por lo menos se la entreguen “pimpeá”.
Y si de servicios médicos se trata, pues siéntese a llorar desde ya. Una vez en el hospital un enfermero, con cara de náuseas, le dijo a mi padre que se iba del área porque le olía a vómito. Hello? ¿Nadie te informó en la universidad que si eres enfermero hay una alta posibilidad de que tengas que bregar con vómitos? ¿Nadie te dijo en Recursos Humanos que en tu trabajo se huele vómito? Encima de mal empleado, es un atacante de la dignidad del enfermo. Si querías oler a Chanel, tenías que solicitar en Chanel o en Macy’s.
El otro día el zapatero me quería entregar un zapato del par que le llevé para arreglar. Lo miré confundida y le pregunté por el otro zapato. Y me dijo que se le habían acabado las tapitas cuadradas, que le llegaban al otro día. ¿Y qué hago yo con un solo zapato?
Los restaurantes son un clásico y hay millones de cuentos, aunque en esa área yo tengo bastante suerte. Quizás lo que más me ha pasado es que han traído todos los platos a la mesa menos el mío, y yo empiezo a disimular que no me importa, que, por favor, empiecen todos a comer, que no esperen por mí, que se les enfría, mientras mis jugos gástricos y mis úlceras observan endemoniadas.
El gomero. En este Puerto Rico lleno de hoyos, consejo, no pelee jamás con el gomero. A ese yo le llevo hasta café y espero con paciencia mientras me fumo todos esos olores raros que hay en la gomera. Tampoco pelee con su estilista. Nadie pelea con alguien con tijeras y navajas y sentado de espaldas.
He visto, eso sí, una mejora significativa en el servicio de los hoteles. Empleados bien preocupados y ocupados. Eso me alegra.
La verdad es que ser buena gente no cuesta nada y, si encima se vive de eso, no debería haber cabida para malas caras ni malos tratos en el servicio. Si es cierto que el progreso económico apunta al servicio, nosotros aquí deberíamos ser parte del primer mundo. Y quien reciba un buen servicio, ¡agradézcalo! Sáquese una sonrisita o una propinita. ¡No se le va a caer un canto!


