Opinión: Soy mamá picaflor
Esta semana optaré por escribir una anécdota sobre lo que he pasado con las vacunas y mi hija. Soy una mamá joven y de ”otra generación”, diría mi abuela…
Por Natasha Sagardía @NatashaSagardia
Esta semana optaré por escribir una anécdota sobre lo que he pasado con las vacunas y mi hija. Soy una mamá joven y de ”otra generación”, diría mi abuela. Vengo de la generación de mamás que se está dando cuenta que el cambio hay que empezar a hacerlo uno mismo, y no dejarle toda la responsabilidad al gobierno, la escuela, la salud pública, entre otros. Creo poderosamente que quiero educar a mi hija a que, por sobre todo, pueda elegir por ella misma algo que desde que recuerdo me enseñó mi madre.
Hoy tuve que enfrentar el reencuentro con las primeras vacunas, y esas emociones encontradas de hacerlo o no. Como madre de esta “nueva generación“, he optado por estar cerca de mi hija todo su primer año, no darle “bobo”, nada de alimentos procesados, lactancia a tiempo completo y vacunas, algunas. Creo que pertenecer a un movimiento de padres que están abriendo los ojos, y atreviéndose a estar más ligados con lo que está pasando al mundo; puede traer compromisos serios y también el espacio peligroso del fanatismo.
El fanatismo puede convertirse en ese lugar donde uno deja de ser autocrítico y se convierte en seguidor y no en pensador. Cuando Poe nació, mi marido y yo evaluamos el tema de las vacunas, leímos estudios de ambas posiciones y nos inclinamos por no hacerlo; especialmente, porque tenemos una vida muy saludable y vivimos muy alertas. Independientemente, cuando el momento llegó; el miedo de imaginar a Poe en esas ronchas, erupciones de la piel y un sinnúmero de posibles condiciones, me congeló. Las imágenes de los panfletos de la sala de vacunaciones pueden ser convincentes.
Visualizar a mi pequeña princesa pasándola mal, me paralizó, entonces decidí no hacer nada y esperar. Un buen amigo que tiene grandes palabras me dijo: “Cuando uno no sabe qué hacer, espera”, así lo hice. Después de unos días, conversando con otra mamá, llegamos a la conclusión de que hay que hacer solo lo que se sienta bien en tu estómago y en tu razón, así que en este caso, le puse las vacunas. Creo que es un tema controversial, porque los avances de la ciencia son absolutamente increíbles y las posibilidades de conocimiento son tantas, que a veces se contradicen.
Por lo que veo, la contradicción, el continuo cuestionamiento y las mil y una tendencias, serán mi única constante como mamá. Hay tanta información, estudios, posicionamientos y “generaciones de mamás” ( como diversos grupos que se unen con intereses en común), que elegir a dónde pertenecer es imposible. Es imposible para mí porque no me siento de una generación de mamás en particular. Prefiero tratar de ser un coqueto picaflor e ir picando de aquí y allá. Picando lo que se sienta correcto, importante y esencial para el desarrollo de mi hija. Un desarrollo que espero sea libre de fanatismos para que un día, no tan lejano, pueda elegir por sí misma con su estómago y su razón.


