Opinión: Maite y Kendo

Lo realmente novedoso del nombramiento de la licenciada Maite Oronoz se ha perdido en medio de la discusión sobre su orientación sexual. El cambio al que…

Por Armando Valdés @armandovaldes

6 jun 2014, 12:00 am 2 min de lectura

Lo realmente novedoso del nombramiento de la licenciada Maite Oronoz se ha perdido en medio de la discusión sobre su orientación sexual. El cambio al que apunta su ascenso al tribunal más importante del país es uno principalmente generacional, ya que estoy razonablemente seguro de que en la Rama Judicial, y aún en el Supremo, ha habido y posiblemente hay en el presente jueces y juezas gais.

La expresión de afecto hacia su pareja, que algunos periodistas catalogaron como una declaración a priori de su orientación sexual, no era otra cosa que un reconocimiento a la persona con quien comparte su vida. A nadie le habría sorprendido ni habrían dicho que estaba poniendo de manifiesto su heterosexualidad si en vez de Gina su pareja se llamara Gilberto. Ciertamente fue reveladora su naturalidad al exteriorizar sus sentimientos, pero lo que delata no es una agenda política, sino su pertenencia a una nueva generación de puertorriqueños.

Esta semana, esa misma generación, en un contexto muy distinto, mostró la tolerancia que le caracteriza. El rapero Kendo Kaponi publicó un video en el que criticaba la acción del candidato PNP Leo Díaz de remover una publicidad alusiva a un concierto de reguetón auspiciado por su contrincante Roberto Arango. Hacia el final del video, dos jóvenes que solo se identifican como vecinos del residencial público Luis Llorens Torres expresan su apoyo a la candidatura de Arango, quien recientemente hizo pública su homosexualidad. Aun así, los jóvenes hablan como si nada, sin que aparenten ser activistas en pro de la comunidad LGBTT ni seguidores de Pedro Julio en Twitter.

Esta generación, muy distinta de la que nos legó el país que hoy intentamos reconstruir, no se define únicamente por la edad de sus integrantes. Ellos y ellas han visto al instante cómo el mundo a su alrededor cambia y cómo esos adelantos a menudo no llegan a nuestras costas. Y son tolerantes hacia las diferencias; no pretenden negarlas, pero tampoco insisten en que nos enfoquemos únicamente en ellas. El que Maite llegue ahora al Tribunal Supremo es un indicio de que esta generación comienza a abrirse un camino hacia el poder.

El liderato político debe además entender el movimiento tectónico que todo esto implica. El pueblo -—y particularmente la gente joven— a todo nivel social y económico en gran medida ha superado los convencionalismos de sus mayores. El momento del cambio —de reconocer y ampliar nuestros derechos y libertades— es ahora. El que crea que el pueblo no está listo es que no ve ni sabe interpretar las señales y que todavía alberga en su corazón prejuicios sobre lo que nuestro pueblo alberga en el suyo.