Opinión: “Heat of the moment”
Eran las siete de la mañana y abrí un ojo. El sol me atacaba y no tenía excusas. Los tenis, el iPod y el reloj me esperaban. He sido atleta toda la vida y…
Por Natasha Sagardía @NatashaSagardia
Eran las siete de la mañana y abrí un ojo. El sol me atacaba y no tenía excusas. Los tenis, el iPod y el reloj me esperaban. He sido atleta toda la vida y correr nunca había sido un esfuerzo hasta ahora. Mis noches de rico sueño se han convertido en lapsos de tres o cuatro horas, que son pausados para lactar a mi hija e ir al baño. Con la convicción potente de una guerrera (así me digo a mí misma para lograr ponerme los tenis), me levanté. Alimenté a mi pequeña y la dejé con su padre.
Cuando llegué al parque, me di cuenta que todo el sol que existía en el mundo estaba apuntando a ese pequeño espacio donde yo me disponía a dar vueltas. “¡Espérate!”, me dije. “¿Qué hago aquí a esta hora vestida completamente de negro?”. A lo que respondí: “Tengo la convicción de una guerrera”, y empecé a correr. El aliento me faltó, no es la primera vez, así que seguí los pasos del famoso boxeador Ali, que decía que, si no te crees invencible, lo disimules hasta que lo creas. Si al gran Ali le funcionaba en un ring frente a un buen par de puños, sin duda alguna mis piernas no me iban a ganar. Así es como logré que la perfecta mecánica de correr se diera; una pierna se fue moviendo frente a la otra mientras el sol me apuntaba como un reflector en el medio de un escenario.
Cada vuelta que daba a la pista era una especie de concreción personal. Debo admitir que llevo algunas semanas con un humor difícil y me envuelvo en las explicaciones existenciales filosóficas que nunca terminan. Mi vida es un cambio constante y la habilidad de adaptarme a ella está deteriorada por el continuo cansancio. No hay nada más en ese humor que no sea cansancio. Mi abuela me diría: “Si estás tan cansada, ¿para qué te vas a correr?”. Bueno, por un lado, porque tengo unas diez libras que tengo que despedir de mi vida, y la otra es porque, cuando hago ejercicio, no importa cuán cansada esté, siempre me siento mejor.
Cuando iba por la cuarta vuelta, pasando al señor que camina tan rápido como si corriera, empezó a sonar la canción de los ochenta “Heat of the moment”. La letra es nostálgica, recuerda la fiebre de los viejos tiempos y reflexiona sobre lo que uno se creía que quería en el pasado y lo que realmente importa cuando la vida avanza y cambia. A mí la canción me hacía un eco perfecto, pues mi heat of the moment era más que nada literal: me estaba derritiendo, pero a la vez me hacía recordar que mi pasado está lleno de fiebres, fiebres que a veces extraño, pero ninguna supera la de ahora y esa sensación de querer seguir siendo una guerrera ante el cansancio y los interminables cambios que tiene mi vida.


