Opinión: La felicidad y la relación con el futuro
A menudo se dice que no es más feliz el que más tiene, sino quien menos necesita, una expresión que he aprendido a valorar por mi extensa experiencia con…
Por David Hernández
A menudo se dice que no es más feliz el que más tiene, sino quien menos necesita, una expresión que he aprendido a valorar por mi extensa experiencia con clientes que se consultan conmigo. Esta expresión cobra más importancia especialmente en aquellos países más consumistas que parecen perpetuar una ansiedad crónica, intentando acumular lo que no necesitan vs aquellos países que aún dentro de la pobreza saben apreciar los detalles más pequeños y valorar lo poco que tienen.
Toda persona tiene una preocupación por su futuro. Establecemos objetivos para asegurarnos que nuestro futuro sea mejor que el pasado y el presente. Buscamos avanzar profesional y económicamente, y, en el proceso, nos atrevemos a endeudarnos con tal de lograr una felicidad en lo que en términos filosóficos se conoce como felicidad líquida.
¿Qué futuro podemos crear bajo el concepto de un “felicidad líquida?” Ninguna que no sea algo efímero y sin sentido. ¿No me lo creen? Miren su entorno solamente y verán cómo hemos creado un culto individualista, cómo hemos contribuído a de socializar y perder el valor por el trabajo, el prójimo y por los grupos menos afortunados. Todo nos empuja a querer tener más, y ese más, no importa cómo se obtenga con tal de lograr el falso objetivo de ser felices.
No es de extrañarse que el escritor del siglo XIX, David Thoreau se haya ido a vivir solo a un bosque, huyendo del progreso que veía y dijo: “Los hombres se han convertido en las herramientas de sus herramientas”. Y es precisamente eso; nos hemos convertido lo que las grandes empresas quieren que seamos, grandes consumidores de sus caprichos.
Dentro de mis creencias y prácticas filosóficas, el ser humano atraviesa por distintos grados de aprendizaje y no es hasta después de los 56 años que comienza a reevaluar su vida y darse cuenta que quiere frenar sus ambiciones, a esto le llamamos la época de Júpiter. Es el momento en que adquirimos la sabiduría para ver lo que realmente es importante y tiene valor. Pero no todos llegan a ese estado de madurez, pues todo depende donde depositó los valores en el pasado.
Al igual que establecemos una serie de metas para lograr unos objetivos específicos en la vida, de la misma manera debemos forjarnos la idea que la felicidad es un tema que debemos poner en perspectiva y saber definirla adecuadamente. ¿Qué es la felicidad? ¿Cómo logro ser feliz? ¿Qué hago para que esa felicidad sea permanente? Cuando obtenemos la contestación a estas preguntas, nos estamos encaminando por el sendero que nos conducirá a un estado de tranquilidad y sosiego más duradero. Descubrimos lo que realmente tiene importancia y vemos la vida desde otra perspectiva, tomando aquello que realmente tiene valor e importancia en nuestra vida.
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