Opinión: Puerto Rico se transforma
La semana pasada planteaba que la encrucijada fiscal nos enfrentaba como país a una serie de retos complejos, pero también a grandes oportunidades. El…
Por Armando Valdés @armandovaldes
La semana pasada planteaba que la encrucijada fiscal nos enfrentaba como país a una serie de retos complejos, pero también a grandes oportunidades. El acercamiento del gobernador Alejandro García Padilla en su mensaje de presupuesto demuestra que ha optado por enfocarse más en las oportunidades y que no descuidará el tema económico ante las presiones fiscales.
Veamos primero las medidas fiscales. El gobernador ha trazado un camino que logra generar ahorros para el Gobierno sin despedir empleados ni incumplir con la deuda pública. La importancia de ambos puntos no puede sobrestimarse.
Una gran proporción de nuestra clase media la componen los servidores públicos. El despido de empleados, o aun meramente intimar que habría cesantías, habría tenido un efecto devastador sobre la confianza de miles de consumidores. De concretarse, los despidos habrían afectado la capacidad de miles de familias de pagar sus hogares, carros o tarjetas de crédito, con el efecto que ello tendría sobre la banca, la industria de la construcción y el comercio al detal. Tal fue el caso en febrero de 2009 con el anuncio del posible despido de 30,000 puertorriqueños y puertorriqueñas. Aprendiendo del pasado, resulta acertada la insistencia del gobernador en asegurarles a esos mismos padres y madres de familia que sus empleos están a salvo.
En cuanto a la deuda pública y ante la degradación de nuestro crédito a nivel especulativo, el gobernador también acertó al reafirmar su compromiso de cumplir con las obligaciones del Estado. Restablecer la confianza del mundo en Puerto Rico requiere de una estrategia que no añada a la incertidumbre.
Las medidas para reestructurar el Gobierno, por otro lado, demuestran creatividad, un interés por reducir el gasto público y un enfoque en la eficiencia de la operación gubernamental. Por demasiado tiempo, el Gobierno ha crecido, creándose agencias para atender cada necesidad o problema sectorial que surgía. Racionalizar el organigrama del Gobierno reduciendo el número de agencias individuales y optimizando el tamaño de otras era una tarea necesaria aun antes de esta crisis. Resulta positivo que se aproveche la coyuntura para atender esta agenda inconclusa y para plantear también la necesidad de despolitizar el servicio público.
Finalmente, la agenda económica del gobernador, muy claramente expresada, enfatiza en el desarrollo de empresas nativas, particularmente entre los jóvenes, la preparación y la retención de talento, y el desarrollo de una agricultura moderna, de una industria manufacturera enfocada en las ciencias vivas y la aeronáutica, y el turismo.
Aunque ciertamente falta mucho todavía por hacer, las palabras del gobernador, por primera vez en muchos años, nos apuntan con un plan detallado, diáfano y optimista en dirección hacia una verdadera transformación de Puerto Rico.
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