Opinión: Transiciones judiciales

La figura del juez presidente, distinta esta a la de un juez asociado en virtud de la sección 3 del artículo V de nuestra Constitución, a primera vista…

Por Armando Valdés @armandovaldes

10 abr 2014, 11:00 pm 2 min de lectura

La figura del juez presidente, distinta esta a la de un juez asociado en virtud de la sección 3 del artículo V de nuestra Constitución, a primera vista parecería distinguirse únicamente por las funciones administrativas que le delega nuestra carta magna. Sin embargo, a lo largo de los años, muchos de los puertorriqueños que han ocupado dicha silla la han engrandecido. José Trías Monge, por ejemplo, defendió y promovió el desarrollo de una tradición legal autóctona y puertorriqueña. Y el todavía hoy juez presidente, Federico Hernández Denton, adelantó la actualización tecnológica de la Rama Judicial y defendió con gallardía su independencia durante periodos críticos de su historia.

De ahí que la persona que sea nominada por el gobernador deberá no solo ser un administrador eficiente, sino que además deberá reunir ciertas cualidades que le permitan liderar la rama durante una serie de complicadas transiciones que iniciaron en años recientes, pero que culminarán durante su incumbencia.

Resulta obvio que deberá reunir aquellas características de un juez que ya, por efecto de su repetición constante, se han convertido en un cliché. Entiéndase que deberá poseer un conocimiento amplio del derecho, profundidad intelectual y analítica, y un “temperamento judicial”.

Pero más importante aún será su acercamiento a tres procesos de cambio que se perciben desde afuera en el Tribunal Supremo y en toda la Rama Judicial.

Primero, la transición ideológica. De todos es sabido que los nombramientos hechos por el exgobernador Fortuño pusieron en mayoría, por primera vez en la historia del Tribunal, a jueces de ideología anexionista. Lidiar con esta nueva realidad requerirá de una persona que pueda reconocer respetuosamente las diferencias ideológicas sin a su vez convertir al Tribunal en una tercera rama política que responda a las “mareas” electorales ni en otro escenario para la continua guerra de trincheras que vivimos en Puerto Rico.

Segundo, la transición hacia una Tribunal que recupere la confianza del pueblo. La fe del ciudadano de a pie en los procesos judiciales se ha visto lacerada. Sea cierto o no, se percibe un sistema de justicia desigual, en el cual el acceso al poder o al capital determina los desenlaces en proceso criminales y litigio civiles. A la sociedad le hace falta tener confianza en alguna instancia pública y por ello el nuevo juez presidente deberá timonear un saneamiento de la institucionalidad y de la percepción de esta.

Finalmente, la transición hacia la transparencia. Ya iniciada por Hernández Denton, es imperativa su culminación. Las cámaras —los ojos del pueblo— deben entrar a todos los tribunales. Y con ello brillaremos una luz sobre un sistema malentendido, pero vital para nuestro futuro democrático.

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