Opinión: Infinito
Cuando me senté a escribir estas cortas líneas sobre mi padre e inevitablemente sobre mi madre y abuela también, las palabras no me asistían. En las…
Por Armando Valdés @armandovaldes
Cuando me senté a escribir estas cortas líneas sobre mi padre e inevitablemente sobre mi madre y abuela también, las palabras no me asistían. En las matemáticas, sin embargo, encontré un concepto que se aproximaba a lo que quería expresar.
Todo niño y niña aprende en la escuela elemental que no se puede dividir por el cero. Hacerlo nos devuelve un resultado indefinido o indeterminado que no puede expresarse en números reales. Cuando se estudia cálculo, aprendemos que una posible solución a ese problema es que, al dividir por cero, nos aproximamos a un valor inmensamente grande que es el infinito.
De ahí que, cuando expresamos el cambio utilizando los porcientos, un aumento de uno a dos es un cambio de 100 por ciento, y de dos a tres, de 50; pero un cambio porcentual de cero a uno se aproxima a infinito.
Hago esta breve digresión porque, al pensar sobre la historia de mi familia, estoy obligado a partir desde el cero. Cuando llegaron a este país, traían consigo solo la ropa que vestían y algunos efectos personales. Y no es decir que, si se les hubiera permitido traer más, habrían podido llegar aquí con una fortuna. Allá en Cuba, por mucho que la nostalgia pueda teñir de rosa los recuerdos lejanos, eran gente humilde y trabajadora, nada más.
Pero aquí lucharon, trabajaron todos los días de sus vidas, se sacrificaron. Aunque nunca hicieron ruido ni acumularon más de lo necesario, vivieron vidas dignas, de aplomo, de fortaleza y perseverancia ante la adversidad y, sobre todo, vidas llenas de amor.
Quien conoce a mi madre por espacio de apenas unos treinta segundos, se entera que yo soy su hijo; con unos quince segundos adicionales se enterará del orgullo que ella siente ante ese simple hecho. Orgullo que compartía mi abuela y que, aun con lo taciturno que podía ser mi padre, sé que él sentía igualmente por sus tres hijas y su hijo.
Y aun con todo lo que ellos puedan creer que he logrado en esta vida, nada de eso se compara con el haber comenzado desde cero. Sobre los hombros de esos tres gigantes, mi punto de partida fue otro, y lo que yo haya logrado, ínfimo. En cambio, desde la nada, desde cero, lo que ellos lograron solo puede expresarse matemáticamente como una aproximación a infinito. Como también así, infinito, fue el amor en nuestro hogar.
Y aunque no sé si llegué a decírselo a mi abuela y a mi padre en vida, error que espero no repetir estando mi madre con nosotros todavía, infinito también es el orgullo que siento de ser su hijo, infinito el agradecimiento por todo lo que sacrificaron por mí e infinito mi amor hacia ellos.
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