Opinión: Verdades que electrocutan

Los proyectos sustitutivos sobre energía que han acaparado la atención en la Asamblea Legislativa —el aprobado por la Cámara de Representantes la semana pasada…

Por Calixto Negrón @PIPtwitteando

20 mar 2014, 11:00 pm 3 min de lectura

Los proyectos sustitutivos sobre energía que han acaparado la atención en la Asamblea Legislativa —el  aprobado por la Cámara de Representantes la semana pasada (P. de la C. 1457 y 1618) y el que recoge las propuestas de reforma impulsadas por el presidente del Senado, Eduardo Bhatia, y que al momento de redactar este artículo se esperaba fuese aprobado ayer en la sesión del Alto Cuerpo— son la llave para abrir las compuertas  de la desregulación salvaje del mercado y consumar así la privatización y entrega de uno de los principales activos del país, la Autoridad de Energía Eléctrica. Nada tienen que ver con justicia tarifaria o reducción en el costo de la energía para los consumidores.

Se quiere privatizar alegando que la AEE ha fallado en introducir con la premura que se le ha requerido aquellas innovaciones que conduzcan a una reducción en los costos de producción y justifiquen una reducción en las tarifas. El problema es que con el agua sucia quieren justificar echar al bebé por el fregadero. La pregunta que hay que hacerse es si existen suficientes empresas para introducir las nuevas tecnologías que abaraten los costos para que, una vez realizada la inversión, el precio resultante sea más bajo que el precio al que vende la AEE  actualmente.

La respuesta es que no. En jurisdicciones de un tamaño parecido al de Puerto Rico y sin la continuidad territorial que permitiría la existencia de más competidores, como Hawái e Islas Vírgenes, su costo por kilovatio hora es mayor que el de Puerto Rico. El historial en los Estados Unidos continentales es que, cuando se ha privatizado, las tarifas han subido, y cuando se hace un análisis comparativo del costo de producción, el costo en las entidades públicas que producen energía es más barato que en las privadas. Ahí están los casos de Connecticut, Illinois, Maryland, New Hampshire, Ohio, Oregon, Pennsylvania, entre muchos otros.

En Puerto Rico existen dos compañías privadas que suplen de energía eléctrica a la AEE. Una utiliza gas, y la otra utiliza carbón. La compra de electricidad de estas fuentes no permiten una reducción significativa en las tarifas que paga el consumidor  porque la AEE les tiene que pagar a un precio que cubra los costos de operación y las ganancias que el inversionista privado de estas empresas espera de su inversión. En el caso de la planta que utiliza carbón, la AEE tiene que absorber el costo de disposición de los contaminantes que se generan; cuando no hay diferencias significativas en los costos de producción. 

No dejemos que la politiquería y mala administración que ha caracterizado a quienes han dirigido la AEE en décadas recientes nos confunda y creamos que todo lo que hace el Gobierno es peor que la empresa privada. No permitamos que quienes son parte de los responsables de la ineptitud e ineficiencia administrativa de la AEE nos engañen con un discurso demagogo y populista que promete falsamente proteger al consumidor  al reducir el costo de la electricidad y lo que se paga en las facturas de la luz.  Ninguno de los proyectos presentados en la Legislatura puede bajar la luz porque su razón de ser no es esa. Son proyectos de encargo con el único propósito de privatizar, mediante la entregar a algún amigo del Partido Popular de la parte gananciosa de la ecuación, la generación de energía. Y para ello, en el proceso legislativo hay quienes se prestaron de serviles instrumentos a esos intereses privilegiados. La verdad, como la energía, siempre existe, no se destruye. Y esta es la verdad tras los proyectos sobre energía, una verdad que electrocuta.