Opinión: Puerto Rico vencerá

La emisión de bonos de esta semana, aunque resulte difícil catalogarla como un éxito rotundo, ciertamente apunta a que los peores presagios que rodeaban la…

Por Armando Valdés @armandovaldes

13 mar 2014, 11:00 pm 2 min de lectura

La emisión de bonos de esta semana, aunque resulte difícil catalogarla como un éxito rotundo, ciertamente apunta a que los peores presagios que rodeaban la degradación del crédito no se han materializado. La aceptación de los inversionistas y el hecho de que no se llegara a superar el 10 % de interés en la transacción son buenas señales de la confianza que depositan los mercados en la dirección de este gobierno y en la capacidad crediticia del país.

Que quede claro que, al igual que con las iniciativas para aumentar la porción del IVU que se le dedica al repago de los bonos COFINA, tengo serias reservas con cualquier medida que implique seguir dedicando los limitados recursos del Estado a una deuda que continúa en aumento. Aun así, la realidad es que la situación que enfrentaba la administración de García Padilla dejaba pocas alternativas. La reacción madura y templada del Gobierno ante una crisis sin precedentes en nuestra historia reciente ha evitado las peores de estas alternativas y marca un claro contraste con la experiencia del cuatrienio pasado.

Recordemos que la posible degradación de nuestros bonos fue utilizada por la administración Fortuño para adelantar toda suerte de medida draconiana. El mensaje que se le llevó al país, sin considerar las consecuencias que este tendría sobre la propia economía que alegaban querer salvar, era que la degradación sería un abismo del cual nunca más podríamos salir.

Peor aún, ante esa posibilidad, el Gobierno adoptó un mensaje y una perspectiva de derrota. Desde febrero de 2009, el gobernador Fortuño anunció en un mensaje televisado el posible despido de 30,000 empleados públicos. Con esa acción singular, gran parte de la clase media del país, ante la probabilidad inminente de perder su empleo y sin conocer si le tocaría ser uno de los 30,000, detuvo sus inversiones, sus compras y, por consiguiente, la economía del país.

En cambio, esta administración, enfrentando un reto mucho más complicado ante el agotamiento por el Gobierno anterior de cualquier fuente de financiamiento pública, privada o federal, mantuvo una óptica optimista. Se comenzó un dinámico programa de creación de empleos para contrarrestar la contracción natural en dicho sector que se venía experimentando desde el 2006; se liberaron fondos para infraestructura; se reactivó la agricultura; se expandieron las conexiones áreas y de cruceros; se atrajeron nuevos inversionistas al país, y se amplió la base industrial.

No darse por vencidos dio resultados. Ahora falta reformar la administración pública, comenzar a bajar el nivel de endeudamiento y volver a generar riquezas localmente. Confío en que, manteniéndonos firmes ante la adversidad, Puerto Rico vencerá.