Opinión: Respeto a la democracia venezolana

El Gobierno de Nicolás Maduro llegó al poder hace apenas un año luego de ganar las últimas elecciones en Venezuela. De esta manera, con la voluntad mayoritaria…

Por Calixto Negrón @PIPtwitteando

20 feb 2014, 11:00 pm 2 min de lectura

El Gobierno de Nicolás Maduro llegó al poder hace apenas un año luego de ganar las últimas elecciones en Venezuela. De esta manera, con la voluntad mayoritaria del pueblo venezolano, el movimiento bolivariano, iniciado en 1999 con el primer triunfo electoral del presidente Hugo Chávez, logró continuidad bajo un nuevo liderato y nuevamente lo hizo con la aprobación de la comunidad internacional que en todo momento tuvo bajo estricta observación el proceso y los resultados. Sin embargo, desde el primer día, y a pesar de que las fuerzas bolivarianas, ya sea bajo Chávez o bajo Maduro, han prevalecido en 18 de los 19 procesos electorales llevados a cabo, la oposición en todo momento está empeñada en un programa de desestabilización que, mucho más allá de la mera protesta pacífica, tiene el propósito de promover el caos, la histeria y la violencia entre la ciudadanía.

Si el régimen es perfecto o no, es otro tema. Pero su legitimidad es absoluta, y nadie lo puede cuestionar. Solo es cuestionada por una oposición  —liderada por la derrotada derecha venezolana— que se ha negado y todavía se niega a reconocer el triunfo de Maduro y todos los anteriores de Chávez por 13 años, independientemente de si al pueblo le gusta o no.

 Y, aunque haya quienes no lo quieran aceptar o reconocer, Estados Unidos  nuevamente está haciendo lo que ha hecho durante los últimos 100 años, que es promover el derrocamiento de cualquier  régimen que no es afín a sus intereses ni está doblegado a su insensata política exterior hacia América Latina y el Caribe. En el caso de Venezuela, ahí está el Gobierno norteamericano protegiendo, financiando y estimulando a los sectores más recalcitrantes de la oposición. Esto no es nuevo. Esta película la hemos visto tantas veces que no debe sorprendernos.
 Tal y como lo expresó el presidente del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), Rubén Berríos, y cito: “Estamos seguros de que presidente, Nicolás Maduro, no cejarán en su empeño de defender la soberanía y la democracia de la patria bolivariana y que no se dejarán provocar por aquellos que quisieran un baño de sangre y caos social como pretexto para otro intento de derrocamiento o golpe de Estado”.

 Lo que se impone ahora es el respeto y la solidaridad con la legitimidad democrática de Venezuela, independientemente de las preferencias políticas que se puedan tener.
Si realmente se desea un clima de respeto, tolerancia y paz, no se puede dar por buena una acción insurreccional contra el Gobierno venezolano por parte de una oposición que se niega a reconocer, como lo ha hecho ya todo el mundo, que ganó las elecciones limpiamente. 

Si alguien está en desacuerdo o no cree en el partido de Maduro, para eso está abierta y disponible la vía democrática y cívica electoral. Tienen el mecanismo del referéndum revocatorio o esperar a las próximas elecciones. La oposición debe poner en práctica lo que tanto invoca. Ahora, ¿por qué no lo hacen?