Opinión: En el espejo de Venezuela

La situación por la que atraviesa Venezuela ilustra el peligro de un sistema en el que demasiado poder es concentrado en las manos de solo un sector ideológico…

Por Armando Valdés @armandovaldes

20 feb 2014, 11:00 pm 2 min de lectura

La situación por la que atraviesa Venezuela ilustra el peligro de un sistema en el que demasiado poder es concentrado en las manos de solo un sector ideológico sin que existan mecanismos eficaces mediante los cuales la disidencia y la ciudadanía en general puedan participar en el Gobierno. Por esto no quiero implicar que desde San Juan estoy pasando juicio sobre los actores individuales que, de un lado y de otro, han asumido posturas encontradas en Caracas. Lo que pretendo es que entendamos cómo los propios sistemas y las instituciones públicas pueden en mayor o menor grado promover la inestabilidad social.

Sabido es que el chavismo controla la mayor parte de las estructuras de poder a nivel nacional y que ha mantenido dicho poder por ya cerca de 15 años. Que esta explosión de disidencia ocurra a tan poco tiempo de la elección de Maduro apunta a que el sistema político no ha sabido cómo integrar de manera real esas fuerzas opositoras en el ejercicio de la gobernanza, tarea que parecería ineludible ante un resultado electoral tan cerrado. Ante la insuficiencia de espacios participativos para quienes opinan de forma distinta al Gobierno, la alternativa restante es las calles.

Aquí, en Puerto Rico, vivimos con un sistema gubernamental que nos legó la generación de Muñoz. En su momento, con sus luces y sus sombras, funcionó, gracias en gran medida a quienes estuvieron en posiciones públicas y a su sabiduría en el ejercicio de un poder casi absoluto.

En las últimas décadas, y con el crecimiento de un importante segundo poder político, nuestro sistema se ha quedado corto. La concentración absoluta de poder a todo nivel —Ejecutivo, Legislativo y Municipal— en un solo partido por espacio de cuatro años, deja efectivamente fuera del Gobierno a los representantes de la mitad de nuestra población. A esta realidad le podemos sumar la inexistencia de otros mecanismos de participación ciudadana.

El que no haya esa válvula de escape ha resultado en la inestabilidad social que ocasionan las protestas masivas en Venezuela. En nuestras costas, un electorado frustrado, sin forma de expresar su insatisfacción, salvo en las elecciones generales, ha provocado una gran inestabilidad social producto de la alternancia demasiado frecuente de los partidos que solo logran mandatos por cuatrienios individuales.

Solo lograremos un mayor grado de estabilidad y continuidad para beneficio del país en la medida en que nuestro sistema obligue a ambos partidos a trabajar juntos y al Gobierno a abrirse a la participación del ciudadano. Comencemos enmendando la Constitución para que se celebren las elecciones legislativas y ejecutivas en fechas distintas, y abriendo un proceso de presupuestación participativa.