Opinión: Café y aspirina con el informe del tránsito
Una de las cosas que más extraño de la época navideña, siendo una especie de “grinch” confesa que celebra por presión de grupo las Navidades, es la falta de…
Por Dennise Y. Pérez @denniseypr
Una de las cosas que más extraño de la época navideña, siendo una especie de “grinch” confesa que celebra por presión de grupo las Navidades, es la falta de tapones.
Sé que esta confesión me ubica al borde de la gente más amargada que pueda usted conocer, pero admítalo, usted también ama transitar las calles con menos estrés, ama dormir 30 minutos más —fresquito y patita incluida— y ama llegar café en mano y cantando a su trabajo. Se siente mejor que una amnistía contributiva.
Pero ya es casi febrero. Es decir, que esa bendición de carriles libres y expresos ya se agotó. Y bien que me la he espetado viajando todos los días desde una localidad no tan cercana como mi casa, por motivos de trabajo de mi esposo. Pero aún si estuviera transitando de mi casa al trabajo, hay algo mañanero que enloquece mis días de una manera extraordinaria, bien temprano, al filo de las 6:00 a.m.
No es el sexy susurro de mi esposo al oído. No es la histérica alarma del despertador. No es la llamada recurrente de un periodista en busca de una reacción. No es tampoco el rico olor a café…
Son los informes del tránsito. Requieren un café puya con dos aspirinas.
¡Jesús de mi vida! ¡Qué sufrimiento me causan los informes del tránsito! Aunque en este instante en realidad me están sacando carcajadas, no me diga usted que no le incomoda levantarse en las mañanas, prender la radio en AM y que le diga alguien que no importa qué ruta vaya a coger se va a fastidiar.
Tengo que decir que hay gente que da los informes del tránsito que son mis amigos, pero esos informes los dan desde sus oficinas, con aire acondicionado y sin idea del estrés que provocan. De vez en cuando te provocan un alivio si los escuchas a tiempo, aunque sean las menos veces. Porque cuando vienes a escuchar que el Ramal 8 está bloqueado, ya estás en el Ramal 7 y medio bajando santos. Y obvio, que en días de trabajo, siempre hay tapón en el expreso Luis A. Ferré, en la 30, en la Baldorioty, en la Kennedy y el expreso De Diego.
A veces me cojo diciendo el informe del tránsito con mis propias palabras a medida que lo dice quien lo informa, y siempre coincido. Si no es en la avenida Central, es en la Iturregui, pero todos los días habrá un vehículo con desperfectos mecánicos que le arruinará la mañana. Y confíe usted que en la Campo Rico, esquina 65 de Infantería, hay un choque que se investiga, mientras una situación similar, pero con persona en la huida está ocurriendo en la Ruta 66. Predecible.
Ah, y casi todos los camiones volcados van en por el expreso Luis A. Ferré en dirección a Caguas o en la Martínez Nadal, a la altura del Centro de Bellas Artes de Guaynabo. Algo tienen esas rutas.
A veces pienso que usan bolitas mágicas, pero me han dicho que no. Que es una mezcla de tecnología Google con información directa de la Policía. Uno no se lo imagina cuando prende la radio y te están informando que hay un tapón de madre en el expreso y que dejes de dar “vueeeeltas y vueeeeltas” en la casa o llegarás tarde a tu destino.
Encima, ¿cómo es que puedo saber que hay accidentes, que voy a llegar tarde, y que tengo que subsistir con 2.8 millones de autos en la carretera, y seguir teniendo “un gozo en mi allllllma”? ¿Cómo es que me avisan de mi debacle mañanera cuando ya estoy en ella y pretenden que me sienta “prevenidaaaa”?
Es más. ¿Cómo sé yo a qué Burger King de la 65 de Infantería se refieren? ¿O a la altura de qué Pep Boys? ¡Hay como doce mil en la 65! ¿O cómo sé qué kilómetro y hectómetro, si los signs están tapados con pasto? ¿Qué, quééé?
Yo creo que es por eso que desde hace un tiempo han incorporado mensajes positivos después de los informes del tránsito. Pero la verdad es que a veces las mañanas son tan heavy antes de tocar la carretera, que, cuando te metes finalmente en ella, hasta los mensajes positivos de José Nogueras pueden irritarte. Encima, hay veces que no los entiendo. Y me siento como una tarada pesimista en medio del tapón, buscando en qué Burger King doblar. Tremendo.
No está fácil guiar aquí, pero “¡pa’lante, pa’lante… siempre positivo!”.
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