Opinión: ¡El magisterio boricua es sagrado!
¡A los maestros puertorriqueños se les respeta!
Por Padre Orlando Lugo Pérez @PadreOLugo
¡A los maestros puertorriqueños se les respeta!
Nunca me he sentido tan orgulloso de los maestros boricuas como en estos últimos meses. Soy hijo de un maestro de Español retirado y atestigüé lo mucho que trabajaban y sufren por cumplir con su deber sagrado de educar. Sí, leíste bien, dije “deber sagrado” de educar. Los maestros son sagrados, y por eso ¡se respetan!
“Guguleando” encontré la definición del concepto sagrado que muy bien justifica mi tesis. Dice un diccionario cibernético: “Que ha de ser respetado y no puede ser transgredido o dañado”. El trabajo del maestro no es un simple medio para ganar dinero. Es una vocación. Es un llamado al servicio y a la entrega diaria para la formación de hombres y mujeres profesionales y buenos. ¿Queremos una patria productiva y con valores? Tratemos a los maestros con respeto. Deben ser tomados en cuenta en todas las decisiones importantes que afecten su calidad de vida, ser escuchados y, sobre todas las cosas, ser valorados como algo sagrado.
En estos días llegaba a mi mente la historia de un maestro boricua ejemplar que podría convertirse muy pronto en el segundo beato boricua y el segundo santo negro de América Latina. Hablo del maestro Rafael Cordero, quien en diciembre pasado el papa Francisco le confirió el título de venerable. Nació en San Juan, Puerto Rico, en el año 1790 de padres mulatos libres. Por ser “negro” no tuvo acceso a la educación del Estado. Fue autodidacta y fundó una escuela para niños negros, mulatos y pobres. En ella les enseñaba a leer y a escribir, gramática, historia, caligrafía, geografía, aritmética y, por supuesto, los preceptos cristianos. Gracias a su entrega, educó a grandes personalidades, como Alejandro Tapia y Rivera, considerado por muchos como el “patriarca” de la literatura puertorriqueña, José Julián Acosta, político y líder abolicionista, Román Baldorioty de Castro, líder autonomista y abolicionista, y Manuel Elzaburu, fundador del Ateneo Puertorriqueño. Yo me río… ¿Quieren más evidencia que les demuestre que los maestros son sagrados?
El venerable Rafael Cordero murió en olor de santidad en el año 1868. Espero que nuestros políticos sean lo suficientemente sensibles para que permitan morir a nuestros maestros con la dignidad que también merecen. Quizá no los valoramos porque hemos perdido el sentido de lo sagrado. Pero nunca es tarde. Estoy consciente de los cambios necesarios que deben ocurrir en el Sistema de Retiro de los Maestros. Pero también estoy consciente que todo debe hacerse en colaboración con ellos, porque los maestros ¡son sagrados!


