Opinión: El placer de ayudar
Hace muchos pero muchos años cuando le conté a alguien que me había parado en el camino para darle de comer a un perrito —algo que me había sobrado del…
Por Yolanda Rosaly @YolandaRosaly
Hace muchos pero muchos años cuando le conté a alguien que me había parado en el camino para darle de comer a un perrito —algo que me había sobrado del almuerzo y que destiné precisamente a alguno de la decena de angelitos que siempre me encontraba por allí— me dijo: “¡¿Pero estás loca?!”. Creo que, más que por lo peligroso que pudo haber sido, me lo comentó porque entendía que era innecesario darle de comer a un ser vivo, pero muerto de hambre.
Pero si pena me dio con aquél perrito por el que me detuve en el camino, más pena me dio —y me da— por aquellos que piensan que, como se trata de “animales” no sufren o sus pesares son menores a los nuestros. ¿Ha pasado hambre usted ? ¿Mucha hambre? Por las razones que sea, si lo ha vivido, sabe de lo que se trata. Pues ellos sienten exactamente lo mismo. Y, contrario a nosotros, no tienen la capacidad de pedir, buscar y encontrar cualquier tipo de alimento para saciar esa necesidad vital.
Desde entonces, ando con comida para ellos —perros y sobre todo gatos, que me encantan— y cada vez que puedo y sin importar la prisa que lleve, me detengo, obviamente, salvaguardando la seguridad necesaria. Créanme, esto no lo escribo para ganar indulgencia alguna, sino para intentar que se cree más conciencia sobre esta situación. Si de alguna manera puede saciar el hambre de uno de estos animalitos, aunque sea por un solo día, será sencillamente una bendición para ellos y para usted. Se lo aseguro.
Y hay otra cosa que me ha llamado mucho la atención y, de hecho, es una de esas recompensas que se recibe y llenan el espíritu: la cara, la sonrisa y hasta los comentarios de aquellos que pasan por el lado. Gracias. Pero me encantaría que también hicieran lo propio. ¡Ande, hágalo! La satisfacción no tiene precio.
Claro está, aparte de darle de comer, hay muchas maneras de ayudar, por ejemplo, donando alimentos y/o medicinas a rescatistas, albergues, santuarios. Igualmente, realizando el maravilloso compromiso de la adopción. La fidelidad, el agradecimiento y amor que nos brinda una mascota no tienen comparación.
Además de lo anterior, los medios de comunicación y comunicadores igualmente comprometidos con esta causa estamos llamados a poner no únicamente “nuestro grano de arena”, sino todo lo que podamos hacer por promover la ayuda y la compasión por estos seres vivos, que sienten y padecen, incapaces de sobrevivir sin nuestra ayuda.
Les confieso que, como humana que soy, muchas veces flaqueo y a veces quisiera no querer tanto, que me fueran indiferentes, pues algunas veces no es fácil… Sin embargo, la sensación de alejarme habiéndolos dejado con sus estomaguitos llenos, con alivio a sus dolores, no tiene comparación. Nunca dejaré de hacerlo. Dios me dé salud y la oportunidad de que muchos más conozcan de este placer e inmensa bendición.


