Opinión: Retos y oportunidades demográficas
En junio, publiqué una columna en este rotativo sobre las proyecciones del Censo federal en cuanto a la población de Puerto Rico. En ese momento, señalaba que…
Por Armando Valdés @armandovaldes
En junio, publiqué una columna en este rotativo sobre las proyecciones del Censo federal en cuanto a la población de Puerto Rico. En ese momento, señalaba que: “la población de Puerto Rico se reducirá a 2.3 millones para el 2050, una reducción de 1.3 millones contra el total actual. Si el 2050 le parece muy lejos, sepa que para el 2025 ya se proyectan 300 mil personas menos.”
Esta semana, se dieron a conocer nuevos datos del Censo federal que confirman esta tendencia. En el 2013, Puerto Rico perdió otros 36,459 habitantes, para un total de 110,703 habitantes menos desde que se tomó el Censo del 2010. Peor aún, un informe de la Junta de Planificación de noviembre pasado apunta a que para el 2020 ya se habrán perdido 303,453 habitantes en comparación con el año que acaba de terminar. Estos últimos datos reflejan una aceleración en la merma poblacional, ya que la reducción proyectada originalmente para el 2025 ocurriría cinco años antes.
A esto debemos sumarle, para fines de análisis, las características demográficas de quienes están abandonando el país y quienes están regresando o permaneciendo aquí. Por lo general, los primeros son personas en edad productiva, mientras que los segundos son personas en edad de jubilación.
Esta realidad presenta retos y oportunidades. Los retos más grandes son el crecimiento económico en un país que depende del consumo –y, por consiguiente, de que haya consumidores– y el pago de la deuda del Estado por un número reducido de ciudadanos que trabajan y aportan al erario. Las oportunidades, por otro lado, están implícitas en la necesidad de adaptar el país: ciudades más compactas, más terrenos para conservación, reducción en la presión sobre algunos servicios públicos, menos tráfico vehicular, entre otras.
Comenzar a planificar ese nuevo Puerto Rico es una obligación impostergable de esta generación de líderes. En junio, planteaba que: “[u]na alternativa sería adaptar el país a esa nueva realidad demográfica. […] La otra alternativa sería tratar de detener el decrecimiento”.
Añado hoy que debemos además concertar esfuerzos para que la diáspora puertorriqueña, de quienes continuamente vemos nuevos logros a nivel internacional, pueda aportar a la recuperación de Puerto Rico. Lejos de verse como un obstáculo para nuestro futuro, la emigración podría generar una población flotante importante, que nutra al país de nuevas tendencias, tecnologías y destrezas.
Lo que no puede suceder es que nos quedemos únicamente en el diagnóstico y no nos movamos rápidamente al tratamiento, ni que nuestro acercamiento a este nuevo paradigma vea solo problemas y nada de soluciones.


