“No tuve duda” de que eran detonaciones de un arma de fuego
En el tercer día del juicio de Pablo Casellas, la sala estaba llena a capacidad, desde estudiantes de escuela superior hasta familiares y prensa. Todo Puerto…
Por Karla Figueroa @LaKarlaFigueroa
En el tercer día del juicio de Pablo Casellas, la sala estaba llena a capacidad, desde estudiantes de escuela superior hasta familiares y prensa. Todo Puerto Rico quiere saber qué pasa cuando se cierran las puertas de la sala 706.
El primer testigo fue el presidente del Club Metropolitano de Tiro, Francisco González Ríos. Él confirmó que el día del carjacking , el 17 de junio de 2012, el polígono estaba cerrado.
Luego, fue el turno del emergenciólogo Fermín Hernánez Abad. “Él me dijo que alguien había llegado a la ventana de la guagua, le disparó, pero pudo huir”, dijo el emergenciólogo que llegó a la escena donde ocurrió el supuesto carjacking. “Cuando le iba a dar Augmentin (antibiótico) y Percocet (para el dolor), él me dijo que el Percocet no le hacía mucho efecto”, añadió Hernández. La defensa de Casellas no tuvo muchas preguntas para este testigo.
Por su parte, Francisco Vázquez Rivera, paramédico que atendió a Pablo Casellas en el lugar de escena, dijo que al evaluarlo dentro de la ambulancia se dieron cuenta de que su pulso y su presión eran normales.
Según Vázquez Rivera, Casellas le explicó que “dos individuos dominicanos le entraron a tiros y que él se salío de la guagua… También dijo que en la guagua había armas de fuego”, dijo el paramédico.
Esta versión contradice la de otros testigos que dicen que Casellas les dijo que fueron tres hombres y no dos.
El paramédico también dijo que Casellas “se arrancó el vendaje y siguió sangrando”, luego su papá (Salvador Casellas) dijo que él se encargaría de llevarlo al hospital.
Ante este testigo, el abogado Harry Padilla cuestionó la memoria del testigo, ya que él mismo no escribió en el informe del hospital la hora en que llegó y salió de la escena. “Debo entender, entonces, que este documento, y me refiero al de emergencias médicas, está incorrecto”, dijo Padilla. “¿Diría usted que no cumplió con su función?”. El testigo se veía confundido.
El último testigo fue Robert McClosky, tasador de bienes raíces y vecino de Pablo Casellas y Carmen Paredes. Según el testigo, la oficina de Casellas tenía muchos documentos y armas puestas en el piso. “En el baño estaba la caja fuerte”.
“Pablo mencionó que le hicieron un carjacking, que lo montaron en el lado del pasajero. No me dijo el sitio exactamente… No me dijo si eran uno o dos (los asaltantes)”, dijo McClosky. “(Casellas dijo) que recibió el tiro cuando el asaltante le pidió su reloj Rolex y cuando se lo iba a quitar le disparó”, añadió.
Por otra parte, en relación al día del asesinato de Carmen Paredes, McClosky dijo: “Escuché dos detonaciones, pero no les hice caso… Pensé que eran los trabajadores que estaban en casa de los vecinos “. Además, dijo que cuando escuchó las detonaciones pensó que provenían de una pistola de clavos.
El testigo dijo haber visto mucho movimiento cerca de la casa de Pablo Casellas, pero no se le hizo “raro”. Añadió que cuando iba saliendo se dio cuenta de que el portón de la urbanización estaba abierto, lo que no le parecía normal. “Cuando llego a mi casa, veo todo lo acontecido…. Que habían asesinado a la señora Carmen Paredes”.
La defensa, en este caso representada por el abogado Francisco Rebollo, dijo que si originalmente el testigo pensó que las detonaciones venían de una pistola de clavos, “en realidad no hay razón para que usted cambie su opinión”. Sin embargo, el testigo respondió que, aunque tuvo dudas sobre las primeras detonaciones, cuando escuchó las segundas sabía que eran de un arma de fuego. “No tuve duda”.
Durante el día de ayer, Casellas estuvo acompañado de su hija María José, quien no se salió de su lado ni un minuto. En los momentos de receso del juicio, María José y su padre conversaban y reían.


