Opinión: Deja de tocar tus heridas
En ocasiones vivimos recordando la tristeza y el sufrimiento que nos ha dejado alguna lección. Llegamos al fondo de nuestra desolación, nos quedamos sin aire y…
Por David Hernández
En ocasiones vivimos recordando la tristeza y el sufrimiento que nos ha dejado alguna lección. Llegamos al fondo de nuestra desolación, nos quedamos sin aire y los días parecen estar grises y que el s ol se oculta para no ver nuestra congoja.
Todo cuanto hacemos nos recuerda el suceso o la persona que se nos ha ido de la vida, llevándose un pedazo de nuestro corazón en el proceso. Cada canción o lugar que visitamos, nos parece recordar esos momentos que nos parecía increíble y que nunca acabarían. Y cuando ya nada nos recuerda esos momentos, recurrimos a tocar nuestras heridas, con tal de recordar el sufrimiento que vivimos.
El sufrimiento y recordar no es “malo” si en el proceso no estamos perpetuando el sufrimiento. Es necesario, como parte de nuestras lecciones, que revisemos que nos llevo hasta ahí, después de un tiempo prudente de “sufrimiento.” Toda lección tiene un propósito, y está en nosotros aprender de ese propósito.
Es evaluar d ó nde estuvimos antes de la lección, qu é ocurrió durante la relación que nos lleva ahora a enfrentar una triste enseñanza de vida. Es necesario que seamos capaces de evaluar lo sucedido de manera objetiva, para evitar que el ciclo se repita.
Cuando despertamos la “consciencia” de las lecciones que estamos viviendo, le enviamos al u niverso el mensaje que hemos aprendido de ella. Pero cuando nos negamos a enfrentar esas lecciones, cuando entramos en negación, eventualmente se repetirá la enseñanza nuevamente, pero en la segunda ocasión será más fuerte.
Has el experimento y toma un suceso que te haya provocado una tristeza o depresión en la vida, y retorna luego 12 años atrás y verás que habrá mucha similitud en eso que hoy repites. Pregúntate; ¿Qué quedo sin aprender de esa lección?
Cuando quieras salir de ese estado melancólico solo tienes que dejar de tocar tus heridas. Atrévete a mirar las lecciones a los ojos y pregúntale; ¿Dónde está mi lección? ¿Qué se supone que aprenda de esta iniciación de vida?
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