Opinión: El detalle de la felicidad
Por mucho tiempo hemos pensado que el dinero nos puede traer felicidad pero lo cierto es, para nosotros que tenemos el cabello gris, el tiempo nos ha enseñado…
Por David Hernández
Por mucho tiempo hemos pensado que el dinero nos puede traer felicidad pero lo cierto es, para nosotros que tenemos el cabello gris, el tiempo nos ha enseñado que los resultados de tener dinero, no guardan la misma proporción directa con la felicidad que buscamos. Esto sin mencionar que estudios realizados tienden a desmitificar tal asociación.
La búsqueda de la felicidad siempre ha sido una enigma que llevó a grandes filósofos argumentar sobre el tema incesantemente. Uno de ellos fue Aristóteles que dijo;
“Sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego”. Viene a confirmar que además de ilusión, esperanza, alegría también incorpora valores menos reconocidos pero igual de importantes: compromiso, sacrificio, hasta dolor.
En otras palabras, cuando alcanzamos una meta de manera difícil, nos llenamos de satisfacción, nos sobrecoge la euforia y la alegría y nos sentimos que hemos conquistado el mundo. Son factores psicológicos que tienden a marcar la diferencia, una diferencia que es distinta cuando logramos algo con poco esfuerzo, pues la tendencia es no agradecer aquello que alcanzamos con facilidad.
En conversaciones con personas de otras generaciones pasadas, uno se da cuenta que fueron las pequeñas cosas, los detalles, los fragmentos que surgen en la vida lo que nos hacen apreciar y valorar lo que tenemos, a pesar de las adversidades que hayamos vivido. Ese aprecio es lo que nos hace sentir feliz, el saber que nos pudimos sobreponer ante esos infortunios.
Con esto no estoy afirmando que los avances de hoy no nos puedan brindar felicidad, pero tenemos que aprender a desacelerar para apreciar lo que tenemos en nuestro entorno y no vivir pensando demasiado en el futuro y en lo que aún no tenemos. Es necesario rescatar los valores del pasado, la educación y el amor al prójimo y darnos cuenta que en lo esencial, lo simple y en los detalles radica la felicidad.
Como expresó Antoine Saint-Exupery en su libro “El Principito”: “Lo esencial es invisible a los ojos”.’
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