Opinión: Ciclo vicioso

En mayo, publiqué una columna en este rotativo en la que alertaba sobre la crisis poblacional que enfrenta Puerto Rico. Aun así, nadie aparenta tomar en serio…

Por Armando Valdés @armandovaldes

12 sept 2013, 11:00 pm 2 min de lectura

En mayo, publiqué una columna en este rotativo en la que alertaba sobre la crisis poblacional que enfrenta Puerto Rico. Aun así, nadie aparenta tomar en serio el riesgo que representa una proyección hecha por el Negociado del Censo federal a los efectos de que en la Isla quedará solo 2.3 millones de residentes para 2050. Un artículo reproducido esta semana en varios medios influyentes, de la agencia de noticias Reuters, correctamente vincula este problema futuro con los presentes retos fiscales y económicos del país.

Lamentablemente, hemos caído en un ciclo vicioso en el que la reducción poblacional produce la necesidad de aumentar los recaudos del Estado, lo que a su vez frena el crecimiento económico y obliga a más personas a abandonar el país.

Las raíces de esta crisis se remontan a la eliminación de la Sección 936, la cual nos dejó desprovistos de una ventaja competitiva crucial que mantenía la viabilidad de un amplio sector manufacturero. Sin ese motor de creación de riquezas, diversos sectores han perdido su sustentabilidad. De ahí que la recesión actual comenzara precisamente a la misma vez que expiraban los beneficios contributivos.

Con ello, empezó la emigración. Del año 2000 al 2010, el país tuvo una pérdida neta de 82,000 personas. Los que se quedaron, por otra parte, generalmente son mayores. Menos residentes jóvenes en plena edad productiva y más residentes en edad de retiro significa menos contribuciones, por un lado, y más demanda de los servicios del Estado por otro.

A su vez, ante la merma en recaudos y mayor exigencia de servicios, el Gobierno se ha visto en la obligación de financiar gastos operacionales, lo que ha aumentado la ya abultada deuda de Puerto Rico. Los fondos que van a repagar deuda son recursos que no llegan a las escuelas, las carreteras ni los cuarteles de la Policía.

Resulta obvio que el Estado no tiene los recursos para repagar la masiva deuda que ha acumulado sin correr el riesgo de que más personas abandonen el país ante la imposición de mayores contribuciones. El peso de esta deuda nos estrangula y acabará vaciando la Isla. Ninguna solución puede ser excluida.

Una reestructuración de la deuda parece impostergable y necesaria. Ya estamos pagando tasas de interés como si nuestra clasificación hubiera caído en chatarra. ¿Qué más nos puede pasar? Con una reducción del principal adeudado y una liberación de recursos recurrentes actualmente atados al repago de bonos, Puerto Rico podría comenzar a dedicar más recursos al desarrollo económico, a reducirles las contribuciones a sectores productivos y a atraer y retener nuestro talento joven. Solo así romperemos con este ciclo vicioso.