De vuelta al pupitre…
Hace algunos días, retomé mi viaje por la academia. Regresé a la universidad y me encontré sentada en el pupitre, escuchando a los diversos estudiantes que se…
Por Natasha Sagardía @NatashaSagardia
Hace algunos días, retomé mi viaje por la academia. Regresé a la universidad y me encontré sentada en el pupitre, escuchando a los diversos estudiantes que se presentaban. De repente, me sentí abrumada por la cantidad de pensamientos que pueden converger en un espacio, con el conglomerado de ideas y cuestionamientos que se pueden conocer dentro de un salón.
Cuando me tocó el momento de presentarme, el nerviosismo de tener que elegir qué decir sobre mí me sucumbió. Porque la selección que hacemos de nosotros mismos es siempre un encuentro. Así que opté por tratar de improvisar.
Nunca he sido de manuales ni de practicar frente al espejo ante la ansiedad que pueden producir los encuentros, sino más bien de tener un tipo de acción espontánea de simplemente fluir con el ambiente. Así que escuché atenta a la compañera anterior con la idea de tomar un pie, un marco comparativo de existencia, y lanzarme al ejercicio de presentarme.
“Me gusta todo lo que hago. A veces tengo tanto en el plato que no sé exactamente cómo lo voy a usar, pero estoy segura de que esta ensalada de conocimiento hará clic en cualquier momento”. Su postura fue tan sincera, sin ninguna pretensión de tratar de ser algo determinado dentro de las expectativas que pueden crear los espacios de intercambio.
En ese momento, en vez de decidir qué iba a decir en mi presentación, me quedé patinando en su reflexión, pensando en que yo también tenía mucho en el plato y que de una manera u otra siempre había elegido hacer, entre ello, estudiar lo que quería, sin que necesariamente tuviera un título determinado. Así que me dije: “Lo que determina que soy no es lo mismo a lo que hago”, concluí.
“¡Compañera, compañera! ¿Podría presentarse?”, dijo el profesor. Y en ese momento volví de mi pequeño trance y una vez más improvisé sobre mí, sin dejar de elegir delicadamente lo que contaría y cómo lo contaría. Con este regreso al pupitre, vuelvo a asumir la aventura de encontrarme con más cuestionamientos que respuestas, en especial, de lo que hago y, ¿por qué no?, de lo que soy.


