Opinión: Criterio independiente
Los recientes casos en los que el FEI no ha logrado tan siquiera llegar a primera base en el procesamiento de alegadas actuaciones ilegales por parte de…
Por Armando Valdés @armandovaldes
Los recientes casos en los que el FEI no ha logrado tan siquiera llegar a primera base en el procesamiento de alegadas actuaciones ilegales por parte de funcionarios de ambos partidos nos obliga a cuestionar la idoneidad de dicha oficina.
La razón de ser de esta entidad pública es evitar que en la radicación —o no radicación— de cargos criminales contra oficiales gubernamentales intervenga el criterio partidista.
Aun así, los exjueces que toman importantes determinaciones en este sentido son nombrados al panel por el gobernador y confirmados por la Legislatura. Por ende, el FEI siempre ha sido criticado —por rojos y azules— dependiendo del acusado y del gobernador que haya nombrado a los exjueces.
El problema de parcialidad política —sea real, percibido o algo entremedio— no es el único que impide el buen funcionamiento de esta oficina. Investigar y procesar delitos contra el interés público en un Gobierno del tamaño del nuestro es una tarea casi imposible para una oficina a la que se le asignan apenas $2.8 millones y que cuenta con unos 20 empleados.
La propuesta para eliminar el FEI es el resultado natural de la frustración del país ante su ineficacia. Sin embargo, haríamos un mayor daño si la eliminamos sin considerar alternativas que atiendan la misión importante que tiene asignada.
De eliminarse el FEI, un camino de reforma posible sería independizar al Departamento de Justicia de la Rama Ejecutiva. En Estados Unidos, 43 estados eligen por voto mayoritario a sattorney general, el equivalente a nuestro secretario de Justicia.
La idea detrás de esta separación adicional de poderes es permitir que el secretario ejerza su criterio independiente para encauzar cualquier delito, aún en el caso de funcionarios gubernamentales. Por otro lado, con los recursos de todo un Departamento —cuyo presupuesto para que esta propuesta funcione debería ser fijado por fórmula constitucional— el
pueblo no dependería de un minúsculo aparato burocrático para que vele por sus intereses.
Para aislar esta figura aún más de posibles influencias de cualquier colectividad, y para que el proceso eleccionario en sí no agudice la politización del cargo, la elección del secretario habría que celebrarla de forma no partidista, cada cuatro años en el punto medio del cuatrienio y sin que pueda postularse una segunda vez. Finalmente, al secretario debería aplicársele, antes y durante su
término, un requisito constitucional similar al de los jueces a los efectos de que no pueda participar, ni haber participado, en asuntos político partidistas.
Aunque esta propuesta resulte ambiciosa y requiera enmendar la Constitución, no debemos conformarnos con un sistema que, evidentemente, no funciona.


