¡Bendición, Raymond!
Estoy segura de que ni el propio Raymond se imaginó en lo que se convertiría el hoy llamado Da Vida Caminando a beneficio del Hospital Oncológico. Lo que…
Por Yolanda Rosaly @YolandaRosaly
Estoy segura de que ni el propio Raymond se imaginó en lo que se convertiría el hoy llamado Da Vida Caminando a beneficio del Hospital Oncológico. Lo que comenzó como un genuino y solidario esfuerzo por los pacientes de cáncer, tras conocer que su compañera y hermana del alma, Dagmar, padecía de esta enfermedad, se ha convertido en un evento único.
Hoy, puedo decir sin temor a equivocarme que el buen Raymond ha logrado lo que nunca, lo que pocos y de una forma única: la unión sincera de personalidades, empresas, políticos y deportistas que jamás hubiéramos pensado ver juntos —sin reservas ni condiciones— luchando por un mismo fin.
Y, en realidad, no me sorprende. Todos estos días, desde que Raymond partió desde Mayagüez hacia San Juan, he estado “dándole para atrás al videotape” y recordando la trayectoria de este comediante y animador… Y, amiga y amigo lector, lo que ve es lo que es…, un puertorriqueño humilde, buena gente, sin poses, sin pretensiones ni arrogancia alguna.
Como periodista, me tocó entrevistarlo en innumerables ocasiones en los diversos proyectos en los que ha laborado. Siempre responde su teléfono, “da cara”, no se esconde, contesta franca y llanamente, y hasta ha compartido su vida personal con todos: su matrimonio, nacimientos de sus hijos, bautizos, cumpleaños y demás eventos que ha querido compartir con su público a través de la prensa, porque el que nada debe, nada teme.
Y así mismo lo hemos visto durante esta quinta caminata; siempre dispuesto a compartir con cada uno que se le acerca, a responder cada una de las preguntas de los medios que siguen de cerca su hazaña, a dejarse llevar, guiar y disfrutar cada una de las oportunidades que ha encontrado a su paso de aprender y crecer, como ser humano.
Claro, atado a su noble carácter, está su talento y eso que llaman “ángel”; eso que no se aprende o imita; se tiene o no se tiene. Y Raymond lo posee.
¡Gracias, Raymond, por esta gesta en la que todos ganamos! Gana el Hospital Oncológico y los pacientes que no cuentan con los recursos para conseguir cura, alivio y una mejor calidad de vida… Gana todo aquel que has visto, con el que has conversado, al que has abrazado y se ha llenado de fuerzas y recargado su espíritu para seguir luchando contra el cáncer o, para sencillamente, sobrellevar de mejor manera la pérdida de un ser querido por causa de esta terrible y temida enfermedad.
Pero, así las cosas, estoy convencida de que el gran ganador eres tú. Y no tan solo por lograr unir rivales, colores, canales y hasta supuestos “enemigos”, sino porque me atrevo a apostar lo que sea a que tu perspectiva sobre la vida, de lo que es realmente valioso y debe ser prioridad siempre ha quedado reforzada: ¡qué maravilloso es dar en vez de recibir!
Dios te dé muchos, muchos, pero muchos años de vida y salud para que continúes caminando por los pacientes de cáncer o cualquiera otra causa. Ojalá que, de aquí en adelante, tú, que eres un gran imitador en el escenario, seas ahora el imitado.
Y, como bien siempre dices cuando nos encontramos: “¡Bendición!” Y que Dios te bendiga a ti siempre.


